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Archivo de notas y textos publicados por Emanuel Rodríguez.

Apr 25

Mar 21

Feb 27

El constructor de voces.

Sergio Gaiteri acaba de publicar su segunda novela, La vertiente, que ratifica su lugar entre los máximos exponentes del realismo en la Argentina. Vive en las sierras de Córdoba, donde también ocurren los eventos de su ficción. 

Corre 10 kilómetros diarios en 45 minutos. Cruza Valle Hermoso a una velocidad crucero de cuatro minutos 30 segundos por kilómetro, con un gesto un poco más allá de la seriedad. Cuando llega a su casa, su familia de mujeres lo espera dispersa en construcciones que él mismo dispuso sobre la pendiente moderadamente hostil del monte en el camino al balneario Yacoana. Una casa con vista de privilegio, un patio amoblado e intervenido por aparatos de gimnasia, una casita de muñecas con piso de concreto. Con la probable excepción de la antena de la TDA que domina el techo, no hay nada en el lote de los Gaiteri, ningún ladrillo, tabla o hierro que no haya pasado por las manos de Sergio. Quienes lo frecuentamos desde que se mudó a las sierras hemos sido testigos de la evolución de sus manualidades: lo que hace poco más de un lustro era una habitación con baño y panorámica del monte, fue tomando verano a verano la configuración de un pequeño paraíso familiar. La habitación en la que alguna vez se amontonaron para dormir, comer, jugar y escribir Sergio, su mujer y sus dos hijas, ahora es la pieza de las herramientas. Sobre la pared cuelgan los artefactos con los que Gaiteri manipula la materia. Hay de todo, pero un inventario motivado por el impacto se detendría en las herramientas de corte, en la acumulación de tachitos y frascos, en la máscara de soldador. 

En el patio hay un quincho, hecho por Sergio, con mesas hechas por Sergio, con un horno chileno hecho por Sergio. El tema de la versatilidad y la voluntad se impone sobre quien repose en las tumbonas hechas por Sergio y vea jugar a sus hijas en la casa de muñecas, también hecha por la misma persona que escribió Los días del padre, Certificado de convivencia y Nivel Medio. ¿En qué tiempo este hombre de barrio Providencia, sodero de nacimiento, simpatizante irracional de Belgrano de Córdoba, dueño de una timidez proverbial, profesor de lengua y literatura en institutos para adultos, finalista serial en concursos literarios, hace todo lo que hace?

En su relato de obra, cuando Sergio arranca y vence la timidez que él mismo ubica como causa principal de su obsesión por la lectura, lo único que toma la apariencia de una dificultad es la escritura. ¿Cavar un pozo? Sencillo. ¿Cimentar una casa de dos pisos? Una cosita de nada. ¿Soldar una reja, hacer un portón, construir un garage? Sergio es capaz de contar esas cosas con un levísimo y gracioso orgullo de aprendiz, como si fueran no tanto proezas de un padre de familia como el resultado natural de vivir en las sierras, disponer de los veranos y perder la capacidad de lenguaje a la hora describir el amor por sus hijas. De vez en cuando alguna de ellas (cuatro, y dos años y medio) elabora una oración ingeniosa o desarrolla un gesto de ternura y picardía y Sergio tiembla, se tapa la cara, luego abre los brazos y emite un sonido que no es una palabra pero que nadie podría negar que forma parte de un lenguaje, una jerga familiar que articula lo que no se puede decir sobre la cantidad del afecto.

Gaiteri es de los tipos que saben los nombres de los bateristas y los dicen mientras ponen discos de jazz. Hay algo en la música que lo conmueve de un modo particular y que le hace más fluido el habla, un terreno que suele esquivar pero que cuando lo habita, lo domina con las artes de un provocador: “la literatura tiene que ayudar a la realidad a que parezca más real”, dice. Estábamos hablando de una mujer en Unquillo, analfabeta, 12 hijos, engañada por dos abogadas, desalojada durante el sepelio de su madre, en la calle por acción de topadoras que le voltearon la casa con las zapatillas de los chicos adentro. Dice Sergio que a eso, la literatura, no lo puede contar tal cual pasó. A veces la realidad no resulta creíble. 

Buscar agua

Sobre el final del año pasado Sergio Gaiteri publicó en Nudista la colección de relatos más o menos relacionados entre sí, de modo que “pasa por novela”, La vertiente. La estrategia recuerda, de un modo menos ominoso en la construcción de una identidad regional, a la de Faulkner con el condado de Yoknapatawpha: personajes que reaparecen en otros relatos porque todo ocurre en una zona en común. En La vertiente, esa zona es, justamente la vertiente de Vaquerías, un lugar al que el propio Sergio suele ir en busca de agua potable. “Mi experiencia de pensar qué podía pasar con cuatro o cinco personas que buscaran agua allí fue el origen del libro. Es muy débil lo que une a los personajes: el espacio, y cierta cuestión de forastería”. Los personajes son, como Sergio, gente de ciudad que se fue a vivir a las sierras. 

Hay un vínculo algo forzado pero no del todo delirante que uno podría establecer entre el modo de construir y amoblar casas de Gaiteri y su modo de escritura: un proceso que tiene que ver con la reproducción y la adaptación. Sergio hace los muebles casi tal como ve que se hacen los muebles y escribe casi tal como oye que habla la gente. En ambos procesos interviene una estetización delicada y perspicaz: no se trata de una imitación, sino más bien de una creación a partir de un modelo al que se le está siendo a un mismo tiempo fiel e infiel. “A mí me interesa la literatura que sintácticamente no está atada a la tradición de lo escrito”, explica Sergio. “Pero es muy difícil llevar la oralidad a la escritura. La oralidad necesita un cuerpo, alguien que pueda hacer gestos, una puesta en escena. Lo que hacemos los que escribimos es un artificio de oralidad”. 

En su rutina diaria escribir está primero: a la madrugada, mientras su mujer viaja a dar clases y las chicas duermen. Suele hacer una pausa cuando ha encontrado lo que quiere decir. Un instante en el que aprieta el puño y tuerce la boca. Sus personajes no son de dar definiciones, no llegan a este momento al que está llegando Sergio. La pasan bien o mal, les pasan cosas que no son la gran cosa, a veces toman cartas en el asunto y otras veces no. Pero no hablan mucho y mucho menos llegan a momentos de sentencias como este que ha sido precedido por un puño: “La literatura no es un diario íntimo. Tampoco es un libro de quejas”. 

“No puedo evitar que mis personajes tengan mi propia forma de ser. Trato de no inculcarles mis prejuicios e ideas, pero evidentemente no puedo evitar que tengan cierto respeto que yo tengo por el silencio”, dice. Son, también, siempre, gente sencilla: no hay extravagantes ni excéntricos. “Algunos me dicen que son personajes insignificantes, con poco brillo. Y esa es un poco la idea que yo tengo del mundo. Creo que la gente sencilla es la que sostiene el mundo. La gente discreta. Y creo que cualquier vida puede ser narrada, que no hay una insignificancia a priori en la vida de la gente, por más que no tenga brillo… Pienso que la existencia diaria ya tiene su épica”.

Hagan lo que hagan, los personajes de sus historias no son juzgados ni condenados. Es un ejercicio interesante en relación a la moral, porque es evidente que hay una moralidad que los condiciona, sin embargo Gaiteri parece apostar a observar esa moral pero no aplicarla. “Yo soy peor que todos mis personajes. En general, planteo que sus actitudes están mediadas por una mezcla de causalidad y casualidad. Los hombres hacen cosas transidos por una serie de situaciones y con una libertad que muchas veces no les alcanza. Mis personajes tienen todo el espacio del mundo para elegir. Para elegir estar con una mujer u otra, estar o no con los hijos, querer o no a los padres… esa situación es la que a mí me interesa. El individuo en libertad. Sobre todo con el tema de los afectos, que es el lugar social, para mí, que más representa a una época”.  

Las zapatillas parecen sacadas de contexto: sus detalles fluorescentes no combinan con nada que lleve encima o que escriba Gaiteri. Pero son las que hay que usar para correr. Eso, y, en veranos como éste, pantalones cortos. No parece un escritor. Allá va. A 4’30, parece una de esas personas que sostienen algo importante sobre sus hombros pero hacen como si no fuera nada. Una familia, una casa, el mundo, una cosita de nada. 

Retrato de Sergio Gaiteri. Publicado el jueves 27 de febrero de 2014 en Ciudad X, La Voz del Interior. Link: http://www.lavoz.com.ar/ciudad-equis/el-constructor-de-voces. 


Feb 20

Juventud Peronista

Entrevista con Carlos Godoy. 

Carlos Godoy es escritor y dj. Vive y trabaja en Buenos Aires, pero nació y se formó en Alberdi. Es autor de Escolástica Peronista Ilustrada, un clásico contemporáneo que al año pasado fue reeditado con ilustraciones del gran Daniel Santoro.  

image

(…) un peronista es peronista
si
y solo si
premia
lo miserable

mamá es radical
por que
en campaña
le regalaron una cuna
a los meses que yo nací
los radicales
también
son peronistas

los presidentes
son peronistas

no hay lecturas
obligatorias
en el peronismo

(…) los días de aburrimiento
en hojotas
son peronistas”.

Cualquier fragmento de la Escolástica peronista ilustrada de Carlos Godoy puede provocar un ligero escándalo, una risa sonora, un agite de los lugares comunes. El poemario, extenso e insistente en su idea de definir al peronismo, fue publicado en 2006 y el año pasado fue reeditado con ilustraciones de Daniel Santoro, otro ícono peronista creador de íconos peronistas.  

Carlos Godoy formó parte de la generación de escritores jóvenes que a mediados de la década pasada usó los blogs como plataforma de expresión y la edición independiente como herramienta de inserción en el campo literario. Junto a Federico Falco y Luciano Lamberti, probablemente sean los cordobeses mejor recibidos por la crítica en Buenos Aires, la ciudad en la que Carlos vive y trabaja desde hace varios años. Allí, además de escribir, pasa música bajo el seudónimo de P4mp4. 

-Tu Escolástica Peronista Ilustrada ha recorrido un largo camino. ¿Qué es lo que más te sorprendió de ese recorrido? 

-Que yo haya escrito un libro esencialmente popular. Creo que es lo más difícil de escribir. Y a su vez es lo que siempre quisiera conseguir. La EPI fue eso, un libro de poemas que llegó mucho a la gente. Hay un quiebre en mi forma de escribir y de pensar la literatura a partir de ese libro. Si mirás atentamente todos los libros que publiqué después y los que sigo escribiendo le contestan, dialogan con la EPI.  

-¿Qué es lo más antiperonista que se ha dicho sobre ese libro?

-Lo primero que me viene es el comentario de dos personas que aprecio mucho. Alejo Carbonell me dijo que es un gran error pensar en el peronismo como la salvación. Y después me dijo que iba a escribir una respuesta al texto que nunca me envió o que nunca escribió. Y Eloísa Oliva me dijo que yo pertenecía a la clase joven y que los jóvenes deben oponerse al poder oficial, no apoyarlo como lo estaba haciendo yo con ese libro. 

-¿Cuál dirías que ha sido el evento histórico o personal que más ha afectado tu escritura?

-Haber tenido dos hijos que no me dejan escribir nada. Con Can Solar pude organizarme porque eran chiquitos, pero ahora que son grandes van hasta el estudio y me golpean la puerta y me es muy difícil evitar sus invitaciones a boludear. 

-¿Hay un vínculo entre la escritura y lo que hacés como P4mp4? 

-Sí claro, la unidad de sentido. Cuando nació mi primera hija empecé a hacer sets de música electrónica para dormirla. Como se dormía bailando empecé a hacerla dormir mezclando. Después puse música en un par de fiestas y como a todos les gustó me compré un par de maquinitas durante un viaje en Europa y me “profesionalicé” un poco. Lo que más me interesa de mezclar música es la unidad de sentido. El set es un relato con una curva de tensión. Cada track es un capítulo y su encadenamiento cromático son los puentes. Es como leer los poemas o cuentos que más te gustan que escribieron otros durante una o dos horas y que la gente en vez premiarte con la atención lo haga bailando. A su vez, es una actividad que me permite disfrutar más de mi familia. Puedo enchufar en la mesa del comedor con los nenes dando vueltas y tocando los botones sin que sea un castigo. En cambio para escribir necesito ese silencio tan lejano.    

-Ser dj… ¿es peronista? 

-Ah, ya tengo 30 años. Realmente no sé qué es y qué no es peronista. Supongo que el Godoy que escribió la EPI hace 8 años diría que no lo es, que para nada lo es. Pero este Godoy viejo y cansado diría ¿hace falta pensar qué es y qué no es peronista? 

-¿Cómo podrías resumir la idea detrás de “Can solar”? 

-Ese libro trata de mostrar el contraste entre el campo y la ciudad. Los personajes son duales en ese sentido. Tienen una conciencia metropolitana y una conducta rural. Es el viejo cliché de la civilización y la barbarie. Después hay otros conceptos más de crítico o periodista que es lo de escribir breve. Libros de cuentos de 60 páginas, novelas de 150. La hipótesis de que se puede escribir algo serio, de calidad, en envase pequeño y que en un punto, el lector no especializado, lo agradece. 

-¿Volverías a vivir a Córdoba? ¿Qué podría traerte? 

-No sé. Uno se va de su ciudad peleado y cuando se amiga vuelve. Yo todavía sigo peleado. Cada vez que voy a Córdoba me agarro una enfermedad, todavía me sigue haciendo mal. Pero esa fantasía clasemediera de la cabaña en las sierras nunca me abandona. Me gustaría ir todos los fin de semana en avión, ver a mis amigos, comer un asado, ir a ver a Jimenez y a Belgrano y volverme el lunes temprano para llegar a laburar.   

-¿Por qué hay que leer la revista Paco? 

-Pablo Natale dio hace un tiempo la definición exacta. Paco es la revista a la que van a parar todas las notas que no saldrían nunca publicadas en un medio tradicional. Todos los sumarios que ningún medio acepta es el pathos de Paco. Hay que leerla porque, pese a todo lo que se la critica, es un trabajo hecho con muchísimo amor. 

-¿Qué estás escribiendo actualmente?

-Varias cosas a la vez. Terminando de corregir una novela que creo que ya es vieja (la escribí en el 2010) y no me decido a publicarla. Escribiendo un librito de ensayos breves que se llama Europa, otro libro de cuentos para 17Grises y cosas que me van pidiendo editoriales chiquitas que les gusta lo que hago.  

Carlos Godoy es autor de los libros de poesía Prendas, Temporada de vizcachas, Paritarias / Soy la decepción y Escolástica Peronista Ilustrada, reeditada en 2013 con ilustraciones de Daniel Santoro. También publicó la nouvelle Sugar blueberry, sugar blueberry y el libro de cuentos Can solar. Colabora en el suplemento Ni a Palos y en la revista digital Paco (revistapaco.com.ar). 

Publicada el jueves 20 de febrero en Ciudad X, La Voz del Interior. 


La estatua que se equivocó de hemisferio

“El oso antártico” es una novela que incorpora herramientas de no ficción documental para contar el peregrinaje de una estatua por la ciudad de Córdoba. Federico Lavezzo cuenta su obsesión por el oso que, por el momento, está frente a Plaza España. 

En la Antártida no hay osos. ¿Imagina usted el vértigo que esta frase puede haberle provocado al intendente de Córdoba a mediados de la década de 1950, minutos antes de inaugurar el Puente Antártida Argentina, mientras la escultura de un oso polar atravesaba la ciudad para ser instalada en la flamante unión entre Cofico y el centro? Una divertidísima novela de Federico Lavezzo indaga en las posibilidades de ese error para contar la historia de la escultura del oso polar, una obra que deambuló por la ciudad de Córdoba y se metió en su historia, en su idioma, en su folklore urbano, por la misma puerta disparatada por la que ingresan los misterios simpáticos. 

El experimento narrativo de Lavezzo parte de una anécdota más o menos conocida: un intendente peronista, justo antes del golpe del ’55, bautiza el puente como Antártida Argentina, en un claro gesto de fortalecimiento de los símbolos. Alguien encarga, para ese puente en el que la calle céntrica Jujuy cambia de nombre por Lavalleja, la escultura un oso polar. Otra persona advierte, casi sobre la inauguración misma, que en la Antártida no hay osos polares. El intendente ordena llevar el oso a otra parte. La escultura comienza a deambular por parques, plazas y paseos de la ciudad. De vez en cuando desaparece y aparece en otro sitio. Siempre llama la atención, como si fuera un abuelo de los osos polares que aparecían en la isla de Lost. ¿Qué hace un oso polar en un lugar tan caluroso y sofocante? ¿Qué mira? ¿Qué esconde? 

Lavezzo cuenta la historia oficial y elabora una extraordinaria alternativa que, en el registro casi documental de algunos capítulos, se confunde con la primera. En un punto la cuestión de la verdad pierde importancia en favor de la secuencia de errores que trazan una misteriosa identidad del lugar. 

-¿Recordás cuál fue tu primer contacto con la escultura del oso polar que da título a tu novela? 

-Fue en la escuela primaria, primero o segundo grado. Nos llevaron a dibujar a la Plaza Alberdi, en Barrio General Paz. Nos ubicaron junto a una pequeña fuente que había, con mis compañeros aprovechábamos el agua que corría para lavar los pinceles cuando cambiábamos el color de la témpera. El oso estaba ahí, cerca de la fuente. Esa fue, creo, la primera vez que lo vi, y por lo preciso del recuerdo, ya en ese momento me cautivó.

-¿Hasta qué punto llegó tu obsesión con la escultura del oso y su itinerario por la ciudad? 

-Mucho tiempo después de ese primer encuentro, me contaron la anécdota que circula sobre el origen de la talla: que había sido encargada para ornamentar el puente Antártida Argentina, y que antes de la inauguración del puente alguien señaló que en el Polo Sur no había osos. A partir de allí quise saber más. La imagen de un oso de piedra yendo de un lado a otro de la ciudad sin un lugar fijo durante cincuenta años me resultó estimulante. Estuve más de 10 años indagando, preguntando, sin concretar un texto. Hablé con gente que había investigado la historia de esta escultura, precisamente en ocasión de ser trasladada al Caraffa, con urbanistas amigos, arquitectos, artistas, transeúntes. Diría que la obsesión llega al punto de escribir una nouvelle en torno de esa escultura y su vida urbana, sus trayectos por la ciudad. 

-¿En qué momento te pareció que allí había una novela? 

-Siempre hay una distancia entre lo que se quiere contar y la forma que toma el texto cuando empezamos a escribir; el relato va proponiendo un modo de ser contado. Ensayé varios, y ojalá que el que finalmente adopté sea el más feliz. Creo que son las historias, y no quien las escribe, las que eligen la forma narrativa que más les conviene. 

Más de un oso

Es probable que, antes de leer esta novela, a ningún cordobés al que le hubieran preguntado por 10 símbolos urbanos de Córdoba, se le hubiera ocurrido incluir al oso de piedra en esa lista. Sin embargo, Lavezzo convence al lector de que se trata de un símbolo perfecto de la ciudad, por el equívoco de su origen, por su deambular errático, por la cantidad de anécdotas que los cordobeses tienen en torno de su figura. En algunas épocas reunió a niños que lo montaban como si fuera un juego, en otras, a jóvenes enamorados que iban a pasear “al oso”. Fue señuelo de las prostitutas y metáfora del aluvión peronista. Sus traslados durante la dictadura militar también sirvieron como sinécdoque de la brutalidad. 

-¿Qué dato te sorprendió durante el proceso de investigación? 

-Hice rastreos de información dispersa, fundamentalmente en notas periodísticas, en el archivo de La Voz, en el Archivo Histórico Municipal, entre las fichas de monumentos y esculturas de Parques y Paseos. Consulté a mucha gente de Córdoba sobre lo que recordaba del oso, si sabía algo, en fin, indagaciones muy abiertas, en un proceso de años. Ahí aparecieron decenas de anécdotas, relatos populares y ciertos mitos. Pero yo no quería escribir la “historia oficial del oso”, así que con esas informaciones, narraciones, recuerdos, me puse a trabajar para construir data para la escritura, a producir narrativa. Quizás lo que más me sorprendió fue comprobar que, para algunas personas, había más de un oso. Eso hablaba de una omnipresencia del oso, una existencia en dos dimensiones: la del recuerdo personal, una memoria afectiva, en muchos cordobeses (recordare, en latín, quiere decir “volver a pasar por el corazón”); y por otro lado, la huella que fue dejando entre los habitantes de la ciudad a partir de los lugares donde estuvo, de su derrotero urbano. 

-¿Dónde ubicarías vos la escultura del Oso? 

-No tengo dudas de el oso polar es una escultura nómade. Su lugar no es un punto urbano determinado, sino que su destino es deambular por la ciudad. No me extrañaría que dentro de un tiempo se baje del pedestal frente al Caraffa y se vaya a alguna otra plaza, parque o calle. Sería coherente con sus 50 años de existencia. Si de mí dependiera, lo pondría de nuevo a andar.

-Hay en la novela una identificación de la ciudad con el concepto de “error”. ¿Qué error cordobés quedó afuera del libro? 

-En El oso antártico se alude a hechos “errados” que constituyeron a la ciudad tal como hoy la conocemos. El “error” de Cabrera fue fundarla en un sitio diferente del que consignaban sus órdenes, y eso le costó la cabeza. Pero la ciudad está aquí, y no en un valle de Salta. Otro “error” sería el de Cassafousth y Bialet Massé, que se atrevieron a construir una de las mayores presas hidráulicas del mundo en la época (el primer Dique San Roque) con cales hidráulicas de Cosquín y no con cemento portland importado de Inglaterra, lo que les valió el escarnio público y hasta la prisión. “Errores” sobre los que vengo investigando y escribiendo hace más de 15 años. Sospecho que de esos errores está llena la historia de Córdoba. Hay quienes piensan que el “error” cordobés por antonomasia son las empanadas dulces. Pero yo estoy completamente en desacuerdo. De otros errores, sin comillas, prefiero no escribir. 

-Imaginemos que un poder extraño le otorga al oso la capacidad de habla: ¿cuáles creés que serían sus primeras palabras? 

-A mi me gusta pensar que, con su historia controversial y sus derivas por la ciudad, el oso nos ha estado hablando en todo este tiempo, con una elocuencia que supera el lenguaje articulado. 

El oso antártico, por Federico Lavezzo. 
Cartografías, Río Cuarto, 2013, 122 páginas. 

Federico Lavezzo es escritor y traductor, autor de los libros Particulares, Generales y Locales propias. En Internet: www.federicolavezzo.com.ar

Publicada en Ciudad X, el jueves 20 de febrero de 2014. 


"El teatro cordobés es el mejor teatro del país"

Entrevista con Belén Pistone. 

Belén Pistone despidió un año intenso en el que escribió, dirigió y protagonizó el unipersonal “Sensación Cuarteto”, además de actuar en su obra El vientre vestido. Una de las dramaturgas del 2013 cuenta cómo vivió el año en que vivimos en peligro. 

“Si yo viviera en la villa de acá a 5 cuadras, con calor, con mi marido enredado en el negocio narco (Negocio multimillonario impulsado por gente que NO vive en la villa) con mi hijo asediado por negro, por burro, y abusado como yo, como mi vecina, como mi marido, que además de lo abusado que es él, también nos abusa en su anestesia continua, … Si yo hubiera estado anoche, en la villa Bajo Pueyrredón, con calor y hartazgo, ni chupada me levanto a hacerles a los vecinos de la Villa el papelito de ‘pobre digna’ robándome un paquete de arroz. Me llevo teles, me llevo compus, me llevo cámaras de foto (…) Todo el sistema, todo el tiempo nos dice lo que tenemos que TENER, y nos pongamos una mano en el corazón, la torta no alcanza pa todos. ¿Por qué no saldría yo a buscar eso que nunca tuve?”. Este texto en el muro de Facebook Belén Pistone despertó una discusión feroz en torno de los saqueos del 3 y 4 de diciembre. Belén despliega en esos párrafos su particular sensibilidad para aproximarse a la materia de su teatro: la humanidad, los gestos desesperados que nos hacen humanos, las cosas que nos paran frente al abismo del mundo con algo para decir. 

-¿Qué 10 palabras usarías para definir tu 2013?

-Mudanza, sensatez, serpiente, Cuenco, Salsipuedes, Guille, Hijo, hermanos, cuarteto, amor. 

-¿Y cuáles para lo que esperás del ’14?

-Caballo, pertinencia, casa, abuela, palabra, amor, Guille, familia, fuerza, Cuenco. 

-La hiperactividad… ¿es una búsqueda o una necesidad? 

-Yo lo vivo como una consecuencia, un síntoma, de la maquina que empuja mis deseos, mis imaginarios. Una maquina que me hereda la Pampa Gringa. Dale, dale, dale… A veces me regocijo, a veces me canso de la hiperactividad. Pero también descubrí que cuando paro me angustio mucho. Eso no me gusta. Siento que la ansiedad me gobierna más de lo que quisiera. Yo no quisiera que me gobierne nadie. Y la hiperactividad, impulsada por la ansiedad y la alegría del hacer, es peligrosa, un engaño a veces… que te aleja de la esencia de las cosas. Trato de ser cuidadosa con eso.  

-¿Qué aprendiste sobre el cuarteto con Sensación Cuarteto?

-Aprendí  que quienes intentamos darle visibilidad a la palabra marginal o marginada, en general somos unos pelotudos, que nos creemos con el poder de colocar algo sobre el tapete… un descubrimiento, una especie de justicia por algo, y eso es pura banalidad. Odio que los artistas utilicemos la palabra negada para vanagloriarnos de lúcidos, o de sensibles. Me odio cuando me coloco ahí. En realidad esa palabra nos es más útil a nosotros que a lo “marginal”, el campo de lo no dicho es un peligro, uno puede creerse Dios. Lo peor es que se nota y quedás como una boluda. Lo que aprendí con Sensación Cuarteto es que yo las necesitaba a ellas, a las mujeres que represento, y no ellas a mí. Que amo ponerme sus vestidos y su palabra. Que me hicieron vivir cosas que yo nunca me animaría a vivir, que me hicieron vibrar. Me alimentaron. Me aprendí absolutamente banal, hambrienta por el universo ajeno, y me parece justo asumirlo. Es la única justicia que yo puedo hacer de verdad: Contar mis huesos, no los de los demás. El resto es teatro.    

-Si el teatro cordobés fuera gobernable y vos fueras la presidenta… ¿qué medidas urgentes tomarías?

-Haría una fiesta para que se chapen todos y nos dejemos de histerias. El teatro cordobés es el mejor teatro de país. Me gustaría que entre nosotros fuéramos menos pacatos, más naturales. Esto no es Barcelona… y eso es lo mejor. Después editaría un audio-libro con todos los chistes atroces que hacemos en El Cuenco Teatro, sería un Best seller irresistible (y el “Teatro Cordobés” se enojaría mucho) entonces repartiría las ganancias entre todos los teatreros, para que vean que no somos tan malos. También cuidaría la plata chica porque la grande se cuida sola… y… ¿Qué más? Les diría que los amo y que ni loca me mudo a Bs As… aunque me ofrezcan el Ministerio de Agricultura y Ganadería del que sé mucho más que de Teatro.  

-¿Qué estabas haciendo durante los saqueos del 3 y 4 de diciembre? 

-Estaba en mi casa, recién volvía del super. Me había gastado $1000 en la compra del mes. Lo primero que pensé, en mi fuero de intimidad más profundo fue: puta, en dos horas nos salía gratis…  Después la cosa se puso brava en serio, tuvimos miedo y cruzamos la heladera contra la puerta de calle. Escuchamos tiros toda la noche. Al otro día salimos a espiar un poco el barrio, parecía domingo. Sentí que ese ruidito que nos estaba haciendo el motor a los cordobeses se precipitaba y nos hacia explotar el tanque de nafta. Me angustió la sorpresa de todos. Me angustió que no entendiéramos lo que pasaba. Tuve mucho más miedo cuando del cajón de los recuerdos se rescataron las amarillentas cartas en italiano de la “Cultura del trabajo” para establecer el discurso de lo ocurrido. Como si el mercado y su voracidad fuesen harina de otra galaxia. Sentí que todos los Nonos de mi pueblo estaban tratando de definir la realidad desde sus tumbas. Nunca imaginé, y esto fue lo que más tristeza me dio, que fuéramos tan burros para leernos como comunidad. Me sorprendí… como una tonta. Hubiera querido poder pensar más de lo que temí.    

-¿Creés que algo cambió en Córdoba a partir de esas fechas? 

-Nada cambió, solo que el muerto se nos sentó en la mesa, y que con mucha delicadeza, porque le tememos a los muertos (en el fondo ningunos tarados) lo estamos devolviendo a su rinconcito: El de la periferia. Sí creo que este suceso ha hecho retroceder muchísimo la militancia de “La marcha de la Gorra”. Se ha instalado con fervor la idea de mano dura y la peligrosidad del negro. Creo que después de los sucesos del 3 y el 4 el peor saqueo fue cultural. Se terminaron de arraigar nociones de extremada derecha, contra las que mucha gente viene militando desde hace tiempo.  

-¿Creés que el teatro cordobés está diciendo algo sobre esa Córdoba que se vio en los saqueos?

-El teatro Cordobés es un teatro de la marginalidad, de los márgenes, es un teatro al que la economía, la cuestión mercantil, le cuesta mucho. Yo no puedo decir que el Teatro cordobés diga o no diga algo sobre ésa Córdoba. Sí puedo decir que nuestro teatro habita esa Córdoba, entonces innumerables reflejos colman nuestras poéticas. 

Publicado en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 2 de enero de 2014. 


Cómo arreglar un corazón roto

Entrevista con Soledad San Martín. 

Soledad San Martín integra un quinteto de cantantes y actrices que durante tres años llevó adelante las Noches Despechadas, un espectáculo en torno de los problemas de desamor. Ahora llevan su propuesta a Carlos Paz, todos los lunes en el Teatro Acuario. 


No hay una fórmula mágica que resuelva con total efectividad un mal de amores, pero se puede dar por cierto que lo más próximo a lo que se ha llegado en esa materia por estas latitudes es una noche de permisos para estrujar el corazón y reírse un rato de todo eso al ritmo de los boleros asesinos de Las Despechada. El grupo de mujeres cordobesas (de nacimiento, por opción o por descarte) ha sabido hacer de corazón tripas y montar un show que le da una vuelta de tuerca al asunto del desamor y que se consolidó como terapia, salida, plan de amigas y espectáculo musical, todo eso, en las noches del barrio Güemes. Ahora, con la ayuda de Gonzalo Marull en la coordinación de la obra, decidieron poner un taco alto en Carlos Paz. Todos los lunes, Las Despechadas ofrecen una alternativa para vivir un desamor de verano. Soledad San Martín integra el quinteto junto a Florencia Coll, Luz Ángela Osorno, Cecilia Ruiz y Sabrina Lezcano. Con ella hablamos, con especial cuidado en no romper nada. Mucho menos un corazón. La venganza podría ser terrible. 

-¿Qué o quién despechó a las despechadas? 

-Un Hombre… La verdad es que pensé, pensé, y no hay muchas vueltas: fue “un Hombre”. El nacimiento de las despechadas fue por el terrible despecho de Luza (Luz Ángela Osorno), quien nos convocó a cantar después de eso. 

-¿Qué aprendiste sobre el amor desde que empezaste con las noches despechadas? 

-Que se hacen barbaridades por amor, que es un sentimiento tan puro y fuerte, que deja a la razón de lado y que en un segundo todo lo hermoso se vuelve doloroso en igual medida. 

-El espectador promedio de las noches despechadas… ¿se va enamorado o se va desenamorado? 

-Se va enamorando, pero con recelo. 

-¿Es posible curar un mal de amores mediante la música? 

-¡Si! O por lo menos desahogarlo, llorarlo todo.

-Recomendarías experimentar al menos una vez en la vida un despecho desgarrador… ¿o es mejor vivir sin eso? 

-Un corazón roto se puede arreglar siempre, es mejor tener cicatrices, quiere decir que es un corazón que vivió y experimentó… Puede que estéticamente un corazón inmaculado sea más “lindo”, pero yo creo que la belleza es otra cosa.

-¿Cuál es la anécdota de las noches despechadas que recuerdes como la más divertida? 

-La más divertida que se me viene ahora a la cabeza fue en el penal de Bower. Ellos nos hicieron reír a nosotras con las intervenciones. Durante una canción en la que Luza había señalado a uno de los presos como el responsable de su desamor, le gritaron “¡mejor que te fuiste por que la verdad que cocinabas re mal!”. Y en esa misma función, recuerdo a Flor que dijo, antes de una canción: “Voy a hacer una denuncia…” Y todos empezaron a silbar y a decir que cómo iba a denunciar, justo ahí. Ese revuelo fue genial. 

-¿Qué esperan de Carlos Paz? ¿Qué es lo más bueno que puede pasar allí? 

-Yo personalmente espero lo que ya nos dio, tener una nueva experiencia a nivel escénico, darnos a conocer (la prensa fue increíblemente amable con nosotros), y trabajar con amigos en verano. Y si no es mucho pedir, abrir nuevos caminos que nos permitan tener mas trabajo  para este año

-¿Alguna vez algún ex novio de las despechadas vio el show? ¿Qué pasó? 

-No solo un ex novio, sino “el” Ex Novio, el  colombiano que hizo añicos el corazón de Luza y por el cual armó esa noche de despecho femenino y que dio vida a Las Despechadas”. En el último Festival de Teatro del Mercosur, en el que estuvimos participando, el tipo vino a Córdoba con una obra y fue a vernos a un show. Pobre ser… lo matamos… todo el show di vuelta a su alrededor. Todas las canciones dedicadas a él, le dimos con todo… por suerte nos volvimos juntos y limamos asperezas… 

-¿Qué consejo le darías ya mismo a una víctima de un mal de amores? 

-“Búscate uno mas bueno y vuélvete a enamorar”, sabias palabras de Rafaela Carrá. Es que yo soy la menos despechadas de las despechadas…

Soledad San Martín es actriz y cantante. Junto a Florencia Coll, Luz Ángela Osorno, Cecilia Ruiz y Sabrina Lezcano, protagoniza las Noches Despechadas, todos los lunes a las 23 en el Teatro Acuario de Villa Carlos Paz (Leandro N. Alem 55), con entradas a 100 pesos. En el show, acompañan a las chicas Jerónimo Piazza (piano), Víctor Garay (guitarra), Alejandro Gómez (bajo) y Pablo Rojas (percusión). 

Nota publicada en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 9 de enero de 2014. 


Próspero año viejo

Los sellos cordobeses cerraron un 2013 muy positivo, que consolida la industria del libro a pesar de la falta de apoyo oficial. Los editores hacen su balance y cuentan cómo esperan el 2014. 

Haga un pequeño ejercicio de imaginación y viaje en el tiempo. Está usted en 2003, camina por alguna calle de la capital cordobesa. Imagine que ha decidido comprar un ejemplar de cada uno de los libros editados en Córdoba durante ese año. Ahora imagine el equipaje necesario para esa compra. ¿Ya está? Si en su sueño de un Marty McFly estudiante de Letras aparece una valijita mediana, digamos que le sobra espacio y benevolencia para mirar al pasado. Ahora imagínese en el mismo proyecto, pero con los libros editados en Córdoba durante 2013. Imagine que contrata un remis con baúl no invadido por el tubo de GNC. Sería lo más prudente. 

Hace un lustro que hablar del fenómeno editorial en Córdoba suena ligeramente desacertado, como si algo en esa palabra, fenómeno, no fuera del todo justo con un trabajo sostenido que cuenta ya con una tradición y con ejemplos de gestión que sirven no sólo  para dar cátedra de supervivencia en el páramo conocidísimo de las políticas cordobesas de promoción cultural de los últimos 15 años, sino también para demostrar que en la edición de libros de literatura hay un negocio sustentable, una industria posible. 

El 2013 confirmó la tendencia creciente que el campo editorial cordobés venía teniendo desde mediados de la primera década de este milenio, y la opinión generalizada entre los editores consultados por Ciudad X es que se trató de un año bueno, excelente en algunos casos, y que la perspectiva para el 2014 es de continuidad de los buenos vientos. 

Córdoba cuenta con un sello que tiene la misma edad que la democracia argentina, 30 años, absolutamente consolidado en el campo de la edición de libros antiguos, ensayos, poesía y narrativa. Se trata de Alción, la editorial que dirige Juan Maldonado, quien en una entrevista reciente con Ciudad X adelantaba que la editorial ya tiene programadas todas las ediciones de 2014, algo impensable 10 años atrás, cuando las pocas editoriales existentes se debatían entre la vocación, la supervivencia o la renuncia. En esa senda, la camada de “nuevas editoriales” que aparecieron en la década de 1990 y en la primera década del 2000 aparece consolidada, fructífera y entusiasta. 

Ediciones del Boulevard, que naciera como responsable del primer best seller de la historia literaria cordobesa (Como vivido cien veces, de Cristina Bajo) continúa su marcha con un promedio asombroso de ediciones anuales. Este año, el selló editó entre otros títulos Estación infancias de Liliana González y Enrique Orschansky, Historias que nos contaron mal de Prudencio Bustos Argañarás y Menage a Trois de José Playo. Además, por primera vez en 19 años, el sello incursionó en el género infantil con Cristobal, un castor en apuros de Ilda Ughetto de Giraudo e ilustraciones de Eugenia Nobatti. 

Raíz de Dos, el sello comandado por Jorge Cuadrado, insiste en hacer podio en cada edición de la Feria del Libro de los últimos años, y cerró el 2013 con una novela que terminó debajo del arbolito de navidad de miles de hogares cordobeses, Noel Papá, del mismo Cuadrado. En ese mapa de sellos que ya son una empresa no puede faltar la mención a Comunicarte, que si bien en sus primeros años se hizo fuerte en la edición de textos escolares, ya aparece como un referente internacional en el ámbito de la edición de libros infantiles.

La importante experiencia de las editoriales independientes del 2000, con La Creciente como ejemplo, deriva hoy en la experiencia de Recovecos, Llantodemudo y Caballo Negro, por ejemplo, casas editoras de notable catálogo, que apuntalan una versión más exquisita de la industria. Llantodemudo, por caso, se consolida a nivel nacional como sello ligado al cómic y la poesía. Durante 2013, el sello que tiene local propio en la Galería Cinerama editó unos 40 títulos. Entre ellos, Tobares, de Gonzalo Toledo, La Historia de la ciencia ficción uruguaya de Ramiro Sanchiz, Un whisky por cada fantasma, de Natalia Torres, Esteparia de Natalia Litvinova y Perfume de Jarilla de Mariela Laudecina. También hay debut en el género infantil: Cartas a una hormiguita, la historieta de Mari Salina, inauguró la cuestión para el sello de Cortés y Peisino. Además, una de las bombas del año, la revista Palp, salió de esta casa y agotó su primera edición. 

Caballo Negro, que tuvo un protagonismo fundamental en la organización del Festival Internacional de Literatura de Córdoba (Filic), llevó sus libros a varias ciudades del país y cruzó el Río de la Plata para hacer pie en Montevideo. Además editó títulos como El verde recostado, de Damián Ríos, Frente, perfil y llanura, de Leticia Obeid, y Cada vez más cerca, de Elvio Gandolfo. 

A esa lista de sellos que buscan una identidad particular en su catálogo hay que sumar a Nudista, que viene aportando año a año desde su fundación en 2010 una novedosa manera de trabajo con los autores y un celebrado acento en la distribución. Durante 2013 el sello de Martín Maigua editó Romper la vida Antología existencial, de Alejandro Schmidt, que fue declarado de interés cultural en Villa María, Los pibes suicidas, de Fabio Martínez, Los Centeno, de Pablo Natale, y cerró en diciembre con tres lanzamientos: la vertiente, de Sergio Gaiteri, Experimentos con seres humanos de Carlos Schilling y Razones personales, de Franco Boczkowski.

También en 2013 asistimos al nacimiento de un nuevo sello, Los ríos, con una apuesta ambiciosa: la edición de Abbas Kiarostami, un libro de ensayos acerca del cineasta iraní, escrito por el crítico estadounidense Jonathan Rosenbaum y la crítica iraní Mehrnaz Saeed-Vafa. Tamara Pachado, fundadora del sello junto a Matías Lapezzata, cuenta que Los Ríos nació en el 2012, con la compra de los derechos de este libro que llegó a las librerías durante el último trimestre del ’13. 

Durante el año pasado también se consagró el espacio colectivo Libros Son, con su feria de autores y sellos independientes en el Paseo de las Artes. 

En ese espectro de los independientes, Pan Comido se destacó por la publicación del imprescindible poemario Sioux, de Marcelo Dughetti, además de la antología Habitar el grito, compuesta al calor de talleres y lecturas en el Espacio para la Memoria La Perla. 

Para elaborar este panorama, Ciudad X consultó a siete editores: Javier Montoya (Del Boulevard); Alejo Carbonell (Caballo Negro); Diego Cortés (Llantodemudo), Sergio Martina (Babel); Tamara Pachado (Los Ríos); Martín Maigua (Nudista) y Alexis Comamala y Ceferino Lisboa (Pan Comido). De esa pesquisa resulta un diagnóstico casi obvio: fue un buen año para los editores. Algunos de ellos resaltan el hecho de haberse consolidado en el mercado. Otros, celebran la incursión en la venta en formato e-book y el trabajo en conjunto con otros sellos para algunos eventos como la Feria del Libro. 

Apoyo oficial: casi cero
Se repite lo de otros años: la opinión generalizada en relación a cuánto apoyan los gobiernos provincial y municipal la actividad editorial es negativa. 

-¿Cuál es su opinión sobre las políticas públicas de fomento a la edición de libros en Córdoba? 

(Javier Montoya): -El único programa de fomento que conozco es el Fondo Estímulo Municipal, que lamentablemente ha estado funcionando de manera bastante irregular en los últimos años. Después de que en el 2012 no hubiera convocatoria, este año sí la hubo, pero el ente organizador rechazó casi la mitad de lo presentado, a pesar de que los fondos asignados alcanzaban holgadamente para cubrir la totalidad de los proyectos. No sé si esto se ha hecho por una interpretación equivocada del espíritu de la ordenanza que creó este fondo o como una manera de ahorrar recursos y reducir los alcances de un programa que habitualmente ayudaba a editar más de 20 títulos anuales y que este año solo ha contribuido a publicar 6.

(Alejo Carbonell):-En general, los que estamos trabajando en el campo editorial desde hace un tiempo nos hicimos solos, sin esperar nada, sin pedir nada. Nos fabricamos y nos inventamos todo. En ese sentido, si no hay apoyo, la producción de libros va a seguir lo mismo. 

(Martina e Iraola): -Debemos mencionar a la Conabip por sus selecciones de material que serán incluidas en las Bibliotecas públicas, a nivel nacional, así como del Ministerio de Educación de nación, y del Fondo Estímulo de la Municipalidad de Córdoba. De todas maneras son insuficientes a la hora de analizar el apoyo que ellas generan en cada editorial. Consideramos que se deberían implementar mecanismos para que el sistema educativo de nuestra provincia utilice el material producido por nuestros escritores y nuestras editoriales de manera mas contundente, para hacer de ésta una actividad sustentable económicamente. 

(Pachado): -Las políticas públicas de fomento a la edición de libros en Córdoba podrían cambiar el panorama editorial nacional. Tienen ese potencial. Creo que actualmente no gozan de ningún peso, ni para autores, ni para editores, ni para libreros, ni para lectores.

(Maigua): -Nosotros hemos participado en el llamado a concurso para el fomento a la edición y tuvimos la suerte de que los libros que presentamos fueran seleccionados. Siempre que haya espacios de fomento es importante para el desarrollo cultural. 

(Comamala y Lisboa): -Creemos que hay un déficit en las políticas culturales. Todo está hecho para el golpe de efecto y su única preocupación es “gestionar”. Es decir dar a conocer a través de los entes oficiales toda la actividad cultural que hay en la ciudad como si esa información fuera fruto de sus propios esfuerzos y de sus “políticas culturales”, menospreciando el trabajo de muchos emprendimientos que dan vida a esta ciudad y que muy rara vez encuentra en el municipio o la provincia los elementos que puedan puedan nutrir sus tareas. 

El año que se viene

Los editores coinciden en esperar un año de consolidación. La mayoría pone el foco en mejorar la distribución y lograr que los libros tengan más “visibilidad”. Tamara Pachado agrega que Los Ríos lanzará tres títulos más dentro de su flamante colección de Cine. El próximo título es El país del cine. Hacia una historia política del Nuevo Cine Argentino, de Nicolás Prividera. También habrá una Colección Caribe, que será inaugurada con Cecilia Valdés o La loma del ángel, del cubano Cirilo Villaverde.

Del Boulevard anuncia una nueva novela de la saga del detective Lespada, de Esteban Llamosas, y un nuevo tomo de El libro de los recuerdos de Cristina Bajo, con una selección de notas publicadas en la revista Rumbos.

Por su parte, Caballo Negro lanzará en 2014 un libro de entrevistas a Jorge Bonino. “También tenemos confirmada nuestra primera traducción, que será una antología del poeta holandés Simon Vinkenoog”, agrega Carbonell. 

Llantodemudo lanzará en breve Tristeza de Federico Reggiani y Angel Mosquito, y reeditará dos libros de Gonzalo Toledo. Además, saldrán a la venta “unos seis o siete libros de la colección Bonzo”, y dos números más de Palp

Nudista reeditará el libro de cuentos El asesino de chanchos, de Luciano Lamberti, y publicará las novelas Lima y limón de Antonio Jiménez Morato y Yo soy aquél, de Osvaldo Bossi. 

Babel y Pan Comido no adelantaron su catálogo 2014 pero aseguran que será un año de mucho trabajo. Esas son buenas noticias para los que queremos viajar al futuro y llevarnos todos los libros cordobeses en un camión. 

Los editores eligen libros de otras editoriales

Les preguntamos a los editores cordobeses cuáles fueron, para ellos, los libros locales más relevantes del 2013. Con una consigna: debían elegir libros editados por sus colegas, y no caer en la tentación de mencionar los propios. 

Javier Montoya (Del Boulevard) 
Las ostras de Martín Cristal
Gente de cerca de Esteban Llamosas
Romper la vida de Alejandro Scmidt
Soja en las banquinas de Adrián Savino
Cada vez más cerca de Elvio Gandolfo

Alejo Carbonell (Caballo Negro)
Me pareció muy significativa la aparición de La pesadora de perlas, de Circe Maia, que publicó Viento de fondo, la jugadísima apuesta de Abbas Kiarostami, de Editorial Los Ríos, y que Recovecos publique Incompleto, de Jorge Villegas, con esa calidad, me parece un acto de justicia. El libro de Jorge Naparstek que publicó Babel, Rojo de tanto girar, me pareció muy bueno.

Diego Cortés
Cada vez más cerca, de Elvio Gandolfo.
Ramiro Iraola y Sergio Martina (Babel)
No podemos dejar de mencionar “Cristina Sí, Cristina No” de Federico Racca, las Colecciones que lleva adelante Juan Maldonado en Alción y  los proyectos de apuesta a la poesía de Editorial Nudista.

Tamara Pachado (Los Ríos)
Catharine o La Glorieta, de Jane Austen, publicado por Buena Vista; Cada vez más cerca, de Elvio Gandolfo, publicado por Caballo Negro y Entonces el libro, de Alex Appella, publicado por Viento de Fondo.

Martín Maigua (Nudista)
El libro-revista PALP editado por Llanto de Mudo me parece una excelente apuesta. El profundo y hermoso libro de poesía AGUA FLORIDA de Rocio Pochettino, editado por Sofía Cartonera, es imperdible. Y la antología coral PALABRAS DE POETA, de editorial Babel, es importante porque da cuenta de gran parte de la poesía que se está escribiendo en Córdoba. 

Alexis Comamala y Ceferino Lisboa (Pan Comido)
Tres antologías; la primera, La pesadora de perlas de Circe Maia (Viento de fondo) que marca la poesái de muchos poetas de córdoba, la segunda, Antología de Murilo Mendes (Alción) que nos reconocemos en su busqueda, la tercera, Romper la vida de Alejandro Schmidt (Nudista) que marca al colectivo. Y tres más, 1- La antología colectiva Un idioma también es un incendio: 20 poetas de Armenia compilado por Marine Petrossian (Alción); 2- Otra ntología, de poetas de córdoba Palabras de poeta compilado Hernán Jaeggi (Babel); 3- la revista de generos Palp que lanzo su primer número.

Nota publicada en Ciudad X el jueves 9 de enero de 2014. 

Link: http://www.lavoz.com.ar/ciudad-equis/prospero-ano-viejo


El porvenir no tiene futuro

El estreno de Robocop habilita un repaso por cómo el cine de los últimos tiempos imagina el tiempo futuro. Por unanimidad, las películas prevén que todo va para peor. 

Está todo mal en la Detroit del 2029 y el Gobierno busca contener la ola delictiva con un engendro mitad humano mitad robot, 100% policía de mano dura: la remake de Robocop, el clásico de Paul Verhoeven que en los ’80 satirizó las políticas de seguridad de la era Reagan, vuelve a poner el ojo en un futuro espantoso y en la posibilidad de que la coexistencia extrema con las máquinas sea el modo de preservar los privilegios de la clase acomodada. 

La película de José Padilha llega a la Argentina precedida de críticas demoledoras de parte de los fans del viejo Robocop, que pusieron el grito en el cielo cuando vieron que la remake incluía el tuneado del traje de  Alex Murphy. Ya en el trailer se puede ver que a la preocupación de las autoridades de Detroit por detener a los delincuentes se le suma la cuestión del marketing del androide: tiene que ser cool. Así, el robot tiene derecho a permanecer callado mientras pierde el gris típico de Fiat Duna ’94 al piso y lo visten de un negro más Audi A4 polarizado que incluye un led rojo de bulín retro. Canchero. 

Robocop se suma a la larga lista de películas recientes que advierten sobre un futuro oscuro para la humanidad. La distopía es el alma de la ciencia ficción: para acentuar la mirada crítica sobre el presente, el género suele echar mano a caricaturas más o menos exageradas y apocalípticas de los males de hoy para proyectarlos en futuros no tan lejanos. Esa idea de debacle auto infligida nos recuerda en cada una de las instancias del género que si nos seguimos portando mal, y si dejamos que las corporaciones amplíen su poder, ahí tenés: andá a explicarle a un robot de gatillo fácil que solamente estabas caminando por la city. 

Futuros horribles

Robocop habla de 2029 y hace una caricatura (involuntaria en esta remake) de las políticas de seguridad de mano dura. Si el pronóstico de la peli acierta, en 14 años podríamos tener a un androide impartiendo el orden en las calles. 

Actualmente hay en cartelera otra distopía, la de I, Frankenstein, una ficción que incorpora a la idea de un futuro negro (muy próximo, dentro de cuatro años) una invasión de seres sobrenaturales. Casi una sobredosis de malas noticias para los organizadores del mundial de Rusia.

La saga de Los juegos del hambre augura un país postapocalíptico en el que los vicios del presente quedan caricaturizados en un reality show asesino y catártico, un espectáculo de expiación que mantiene un orden a todas luces injusto. No hay precisiones de cuándo ocurrirá todo eso, pero se sabe que a ese mundo le precede un desastre total de lo que sería el nuestro. 

Esa idea de purgación y sacrificio quizá sea la novedad que los últimos años le aportaron al género de ciencia ficción: en Noche de expiación también se plantea un ritual de muerte que mantiene el orden. En un futuro muy próximo, el Gobierno de los Estados Unidos ha logrado bajar la tasa de criminalidad otorgando un período de 12 horas a la ciudadanía para que purgue sus bajos instintos asesinos sin ningún castigo legal. Demasiado parecido a la realidad, de no ser porque la película no termina con un aumento de sueldo para los policías. 

Entre las películas distópicas del último año, la que menos recurrió a la caricatura para representar el provenir -y quizá por eso una de las más inteligente de este grupo- fue Elysium, de Neill Blomkamp. Su acción ocurre en el 2159, entre la tierra, que es un residuo de mano de obra barata, y un satélite que es un barrio privado en el que la clase dominante ha logrado, entre otros lujos, la cura a todas las enfermedades. Matt Damon protagoniza una rebelión del proletariado contra el nuevo orden mundial que, por desgracia del guión, concluye en una especie de plan de medicina prepaga deluxe para todos y todas. 

En After Earth hay una exageración alevosa de la distopía: mil años después de un cataclismo global, la humanidad ya no vive en la Tierra. El hijo de Will Smith, sin embargo, se verá obligado a un tour por lo que quedó de este planeta para demostrar que es tan valiente como su padre. La noticia curiosa es que en ese futuro apocalíptico cualquier cosa que caiga desde el espacio seguirá cayendo, como siempre ocurre en todas las películas, en los Estados Unidos. 

Otro futuro no muy atractivo es el que plantea Titanes del Pacífico, y para colmo de males no se trata de un futuro muy lejano: es 2020, y sin contar la amenaza de monstruos gigantescos en el fondo del mar, la cosa no pinta bien para los amantes de la libertad en una sociedad hipermilitarizada hecha a medida de la supervivencia del más fuerte. 

En poco tiempo, estrenará en Córdoba la última de Spike Jonze, Her, una distopía sentimental acerca de una humanidad que, en busca de relaciones perfectas, tiende a relacionarse sólo con sistemas operativos. La película reflexiona sobre el amor y la soledad y le da una vuelta de tuerca al clásico enfrentamiento hombre vs máquina. 

En fin: malas perspectivas. Es probable que falte mucho todavía para ver autos voladores en la ciudad: eso ayuda a pensar que el cine no ha sido muy preciso para imaginar el porvenir. Sin embargo ¿no debemos darle un crédito a Corto Circuito (1986) por adelantar la existencia de robots militares, a Blade Runner (1982) por prever cómo usaríamos la tecnología, a The Truman Show por acertar en hacía dónde iba la mano con la televisión? Hoy por hoy hay turistas en el espacio, como en 2001 Odisea del espacio, e-books en reemplazo de los libros de papel, como en Viaje a las Estrellas, computadoras que son lentes, como en Volver al futuro II, robots asesinos (drones) como en Terminator (1984) y guerras por el agua, como en Mad Max 2 (1981). Y, con una mano en el corazón… ¿qué tan disparatada suena hoy la idea de un policía robot? 

Publicada el domingo 9 de febrero de 2014 en VOS, La Voz del Interior. Link: http://vos.lavoz.com.ar/cine/como-el-cine-de-los-ultimos-tiempos-imagina-lo-que-viene. 


Aturdida por el amor

Carolina Muscará participará mañana en la lectura “El amor tiene nombre de santo. Qué problema”, en la Librería Universitaria. Aquí reflexiona sobre los vínculos entre la escritura y los sentimientos. 

“Caer desde lo alto a tu nombre/ repetirlo/ hasta que sea sagrado”. Son los últimos versos de un poema que Carolina Muscará va a leer mañana en la Librería Universitaria (Félix Frías 60). Son, también, un ejemplo de la potencia con la que Carolina Muscará suele describir algunas instancias de fragilidad. Miren esto: “Quedan/ peines en el sillón/ papeles de caramelos/ medio alfajor en un patito/ una fila de dinosaurios/ y yo”. 

Algo de lo que pasa en la poesía de Carolina tiene que ver con la vida tal y como la conocemos por experiencias como la de ordenar el living mientras los chicos duermen, o vernos atravesados por un rayo de memoria afectiva disparado por cualquier objeto que funcione como un souvenir. 

La excusa de la lectura en la que también participarán Paulina Cruzeño y Elisa Gagliano es el día de los enamorados. El evento lleva por título “El amor tiene nombre de santo. Qué problema”. Y aquí está Carolina. Podríamos imaginarla como en otro de sus poemas: “Algo pasa con el día porque no quiero/ que se acabe/ en vano ordeno tareas incumplidas/ reemplazadas por estar en el banquito de mi cocina”. 

-¿Qué tiene que ver el día de los enamorados con la poesía?

-¿Qué tiene que ver el día de los enamorados con el amor? El amor de la poesía arde. El ardor se transforma en lenguaje. En música. El amor como el arte según Godard, nace de lo que quema. Creo que el amor es el drama, el gran drama. Ahí estamos todos. Los héroes. Los dioses, los mortales, los caídos, ahí estamos desde el inicio. Pienso en el  Infierno dantesco, en Paolo y Francesca en el medio del viento. Y en todos los poemas sobre ellos que se escribieron. En el hermoso poema de Cummings En algún lugar por dónde nunca anduve, en Gui canta para Lou de Apollinaire, Anhelo de Lucas Tejerina. Y paro ahí para no llenar la hoja de citas. Idea Vilariño, Circe Maia, Sylvia Plath…

-Y ¿qué tiene que ver el amor con tu poesía? 

-Concretamente diría que la poesía que escribo está metida en el amor. Arrollada. Aturdida por el amor. Ahí está la poesía, en ese huracán. Esa palabra, aparece y aparece con las formas de la vida. A veces aparece serena, un acto sincrónico dice John Berger. A veces exagerando lo posible. Me gusta escribir sobre el amor, con el amor, unida al amor. Ahí están los secretos. ¿Por qué escribir poesía de amor? Porque es necesaria. Porque el amor necesita dos para comenzar. Como la política. Porque es necesario que exista algo que sea lo suficientemente fuerte para enfrentar a la vida que se va. 

-Recuerdo un verso tuyo de hace casi 10 años: “Ya te lo dije tenés que amarme desesperadamente”. ¿Cuáles han sido las consecuencias de ese poema? 

-Me gusta pensar que alguien se toma en serio mi desesperación. De todas maneras desde que escribí ese texto hasta ahora… Bueno, lo sigo corrigiendo, al texto, claro…

-¿Cuál es el tema más recurrente en tu escritura? 

-Escribo con las cosas de la vida dando vueltas: la casa, el trabajo de la casa, el amor, los hijos, las noches, las separaciones, las muertes, el trabajo, el tiempo… Algunos son textos breves y pintan de esa manera breve la luz cotidiana y sus sonidos, más o menos amorosos. Cómo vamos transcurriendo con todo alrededor. Cómo se achica el tiempo. Otros son textos más largos y no sé muy bien qué son. Otros (muchos) sobre el amor.

-¿Cuáles son los principales obstáculos a vencer antes de escribir? 

-Para escribir tengo que vencerme a mí misma. Una vez que logro terminar con las cosas de la casa y del trabajo. Una vez que aquieto el cuerpo y dejo los pensamientos sin apurarlos. Una vez que decido calmar todo. Escribo. 

-¿Cuál fue el último verso que leíste y sentiste deseos de haberlo escrito vos? 

-Justamente en la presentación de la colección Bonzo de la Editorial Llanto de mudo, Guillermo Bawden  nos invitó a Luciana Bedini, Paulina Cruzeño y a mí a leer los textos de la poeta Natalia Litvinova que no pudo venir a Córdoba a presentar su libro. Cuando elegí el texto pensé a este me hubiera gustado escribirlo a mí. Me hubiera gustado escribir la Milonga del alucinado de Dávalos-Falú. Este  poema de Auden también me hubiera gustado escribir: “Tú eras mi muerte/ Cuando todo se me escapaba/ A ti te podía retener”. 

-¿A qué otra cosa se parece el acto de escribir? 

-Escribir tiene la vitalidad de las cosas. Del lenguaje su música. Las palabras componen la música del poema. Tiene el aliento de los textos que habitamos, esa otra piel que es la misma piel. Escribir suena. Protege.  No se trata para mí de un gesto calmo y reflexivo. Es más bien un temblor. Urgente y necesario. Un arte, como el arte de vivir.

Carolina Muscará es poeta, autora del libro Mujeres varias (con música incidental de Raúl Lafuret). Mañana a las 19.30 en al Librería Universitaria (Félix Frías 60), participará junto a Paulina Cruzeño y Elisa Gagliano en el evento “El amor tiene nombre de santo. Qué problema”, que organiza Alejo Carbonell. Entrada libre y gratuita. 

Publicada en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 13 de febrero de 2013. 


Rebeldes con reparos

Uno. La nena. 

Durante un recital de Divididos, el cantante y líder del trío decide suspender la música hasta tanto no aparezca el padre de una niña que había sido rescatada del interior de un automóvil. La niña está llorando y al parecer el padre está en el show. Ricardo Mollo alza a la niña y se acerca al micrófono: “Vení, loco… vení a buscar a tu hija… animal”, pidió. El público corea insultos para el padre. “¿Cómo se puede seguir haciendo música después de esto? No dan muchas ganas”, agrega el bajista Diego Arnedo. Varios minutos después, el padre de la niña aparece. Mollo lo anuncia. La gente insiste con su cántico de reproche. “Las prioridades son las prioridades”, sentencia el cantante, que, antes, y con la nena en brazos, también se había tomado tiempo para pedirle a otro fan que se bajara de una columna porque era “muy peligroso”. El reinicio del show marca el fin de la anécdota y el comienzo de una avalancha de moral conservadora. Por cierto: no hubo mayor inconveniente en seguir haciendo música después de eso. 

Dos. El rebelde.  

El suceso rockero más relevante de lo que va del año tuvo como ingredientes principales dos supuestas virtudes denostadas por las versiones idealistas del propio rock: la cordura y la responsabilidad. Las principales radios dedicadas al rock se autopromocionan como desastres cívicos en ese sentido, y sus espacios publicitarios están precedidos y sucedidos por spots en los que su identidad rockera se relame en un cierto descontrol. La conducta paternalista de Mollo parece una disrupción de ese discurso, más apegado a venerar saltos desde un séptimo piso que a rescatar virtudes de un buen padre. Pero, lo dicho: la rebeldía libertaria del rock es parte de su parafernalia publicitaria. No necesariamente se despliega en los hechos. Hay que dejarlo todo por el rock. Pero no hay que tomarse tan a pecho eso, animal. 

Tres. El recuerdo. 

En Argentina la imagen que resulta del cruce entre el rock y los niños tiene una tragedia como tradición: los baños de Cromagnon convertidos en guarderías son uno de los eventos insoportables de la memoria reciente del país. Es algo en lo que cuesta muchísimo pensar por la impresión dolorosa que se impone apenas uno empieza a imaginar lo que habrá pasado bajo las llamas del techo ardiente. La brutal condena social y jurídica sobre Callejeros aparece como un mecanismo de defensa que nos salva de ir un poco más allá. Pero… ¿qué sería ir un poco más allá? 

Cuatro. El padre. 

Mucho, mucho menos trágico, el evento de Lincoln volvió a activar el motor moral del rock, que, a pesar de la rebeldía sobre la que funda su discurso de difusión, es una moral conservadora. La banda y el público asumieron prima face que el irresponsable de la situación, el animal, el loco, era el padre. A coro, y como antesala de un coro mediático mucho más imponente, se sentenció que el padre de la niña era “un hijo de puta”. Pero, al día siguiente, el padre de la niña contó en su Facebook que quien la había dejado dentro del auto había sido la madre. Que él estaba en el show, pero trabajando, y que la madre -a quien evidentemente desprecia-, estaba “de joda”. 

Cinco. Los jueces.  

Las excusas del padre sonaron “raras” para los tribunales de las redes sociales: la noticia del supuesto abandono se había difundido por todos lados con la fuerza viral que adquieren los eventos en los que cada usuario de las redes sociales puede reafirmar su bonhomía. Yo no soy como ese otro animal y loco. El rechazo moral fue unánime, cerrado, unívoco: esas cosas no se hacen. 

Seis. Merlín Atahualpa.  

Entre las muy pocas voces disidentes en relación a cómo se juzgó en Internet al padre de la niña por irresponsable y a la madre por (esto es increíble, y está tomado del portal de Exitoína) “cobrar planes sociales”, sólo encontré salidas humorísticas en Twitter, donde se comparaba la irresponsabilidad de encerrar a una niña en un auto por tres horas con “llamar a tu hijo Merlín Atahualpa”, que es el nombre del hijo de Mollo. El humor ayuda a escapar de la solemnidad. Afloja un tanto las tensiones. Y nos recuerda de un modo torpe pero efectivo que, si bien esas cosas no se hacen, hay que poner todo en perspectiva.  

Siete. El discurso único. 

No importa aquí si es verdad lo que dice el padre. Tampoco importa si es verdad lo que dijo Mollo. Tampoco, en fin, importa si Mollo fue o no fue un tanto tribunero al mostrarse como el padre que todos querríamos ser (cariñoso, protector, responsable… y casado con Natalia Oreiro). Lo que en esta columna desdichada intento discutir es la ductilidad de la moral conservadora (¡con los chicos, no!) para imponer un discurso único sin mayores reparos, sin preguntar qué pasó, sin buscar con una mínima generosidad un contexto que explique las cosas más allá de lo sencillo que resulta tildar al otro de loco y animal y repostear la noticia para demostrar que uno no es así de hijo de puta.  

Ocho. La moral. 

Cuando vemos atacado lo que más apreciamos, nos alistamos al ejército que lo defiende sin preguntar demasiado. Pasa con los chicos y todo tiene un sabor a que uno está haciendo lo correcto. Pasa con los dólares y la propiedad privada y, también, se impone un sentido común que nos para bien frente a los locos y los animales. Preguntar qué pasó, comprender con generosidad la situación, desplegar y practicar una solidaridad y un amor que nos permita incluir lo que a primera vista puede resultar insoportable, parece demasiado pedir. El discurso único es ciertamente pragmático: resuelve rápido el dilema fortaleciendo el prejuicio. Discutirlo, al menos mínimamente, al menos, por ejemplo, sin sumarse tan rápido a esa condena, podría ayudar a que seamos realmente más responsables, a que tomemos sobre nosotros la responsabilidad en lugar de imputarla los otros como culpa para desembarazarnos de ella. Oh. Maldición. Me puse moralista. 

Publicado en la sección Punto de vista, suplemento VOS, La Voz del Interior, el domingo 16 de febrero de 2014.  


Jan 17

La bolsa del súper

Cuento publicado en la edición de enero 2014 de la revista Deodoro. 

Se le muere el gato. Lo había acompañado 17, 18 años, ya no recuerda cuánto y en este momento lo que menos le importa es que la aritmética valide una verdad irrefutable, era su gato y ahora no sabe qué hacer. Cuando volvió de caminar, a media mañana, lo encontró agonizando. Diez horas más tarde, ha muerto. El patio es de mosaicos, salir de noche con una pala hasta la plaza podría despertar alguna sospecha indeseada. Entonces lo mete dentro de una bolsa del súper. El cadáver de su gato parece proclamar en un último gesto el idioma de su amistad y cae delicadamente en la bolsa, con un peso que parece misteriosamente más liviano que el que tenía el animal en vida, pocas horas atrás.  ¿Qué se hace con esto? Sale a la calle, la noche lo impacta por un silencio descomunal, único, apenas roto por el ruido de una moto que se acerca. Mira a los costados, acaso en busca de que le aprueben su último gesto, su caminata fúnebre, su despedida sencilla. El viejo se ríe de pena y le pide al gato con una mirada cómplice que le consienta las ojotas, la camiseta sin planchar, el atuendo como de cualquier día. Camina la vereda. La moto se acerca y su ruido se hace cada vez más molesto. Él se detiene, mira la bolsa, Simón, morirte ahora, la puta que te parió. En la moto vienen dos, con casco y mochila. El que va sentado atrás estira la mano y prepara el cuerpo, se tensa y calcula la mínima acrobacia. El viejo siente el ruido, se da vuelta para corroborar el itinerario de la moto, la ve encima, se asusta, le manotean la bolsa, la moto se aleja. Ese es mi gato, dice. 

Los que van en la moto son dos policías de civil. Están abriendo camino: van, rompen vidrieras, sacan algo, y dejan todo listo para que la gente entre y arrase. Están emocionados porque el resultado es más que aceptable: la anarquía les demuestra su poder. El que va atrás espera dos esquinas y revisa la bolsa. Es un gato muerto, le dice al que maneja. Es un puto gato muerto. Los dos empiezan a reírse. No lo pueden creer, les parece de una casualidad digna de un programa de televisión. Un gato muerto. No lo tirés, dice el que maneja. Que se sume al botín. Se imaginan llevándole al comisario dos camperas, 8 celulares, tres camisetas de fútbol y un gato muerto. La cara del comisario. Se imaginan la cara del comisario y comienzan a reírse. Se ríen tanto que no ven los restos de cubiertas quemadas en la esquina, una barricada que había estado en llamas hasta hacía un rato, y la moto pierde estabilidad, vuela un instante, y los dos policías vestidos de civil caen al piso, ruedan, putean, uno de ellos se fractura la clavícula y el otro alcanza a ver, mientras intenta recomponerse, cómo se acerca, a gran velocidad, un grupo de vecinos que parecen tener todos la misma cara, el mismo gesto de furia. Se quiere sacar el casco para explicar que son policías pero a la mitad del procedimiento recibe tres palazos en el estómago, dos en las piernas, se cae, y ya no puede contar cuánto le pegan en la espalda. Les sacan los cascos y las mochilas, les pegan más, entre muchos, y les gritan que se vayan, que salgan de ahí, que se las tomen. Los vecinos juntan el botín y se lo encargan a uno de ellos, que al otro día tendrá que llevarlo todo a la comisaría. Hay un gato muerto en una bolsa, avisa uno. Ponelo también. Devolvemos todo.

El que se llevó las cosas y el gato trata de resolver un dilema. Se probó las camperas y hay dos que le quedan, muy buenas las zapatillas, y uno de los teléfonos celulares parece que estaba liberado porque funciona con su chip. Hace dos días que se prepara para llevar todo a la comisaría, pero algo lo detiene, una fuerza poderosa, un convencimiento de que, en parte, él se merece eso, él se lo ganó defendiendo a sus vecinos y nadie va a venir a pagarle por poner el cuerpo, por arriesgar la vida. Leyó en Internet que algunos ladrones suelen sentir una tristeza inexplicable después del robo. Su hija ya le preguntó varias veces por el olor que despide la bolsa con el gato muerto, y él le dijo lo que le parecía más obvio: hay que devolverlo todo, por lo tanto el gato va a la comisaría. Sería la prueba irrefutable de que la devolución había sido total. Entonces separa las camperas, un par de zapatillas y un celular, envuelve el resto del botín en una sábana vieja y cuando agarra al gato, la bolsa escupe un olor repugnante. Él piensa un momento en esa palabra, repugnante, y piensa que es algo que podría decirse de las personas que fueron capaces de robarse todo, todo, hasta un gato en una bolsa, y junta fuerzas y levanta la sábana y emprende el camino hacia la comisaría. Al salir de su casa recibe los primeros aplausos de algunos vecinos, aunque otros no le dicen nada y él supone que están furiosos por la demora. Después se auto convence de que estuvo bien esperar a que se resuelvan las cosas, a que la policía vuelva a patrullar. Algunos le sacan fotos con el teléfono y le piden que salude. Un vecino le pregunta por la bolsa con el gato. Él se detiene, abre la sábana y saca la bolsa del súper. Huele horrible, pero hay algo en esa forma putrefacta que ordena el caos de la cuadra y confirma una moral victoriosa. Un ligero alarido de gloria acompaña el inicio de la caminata fúnebre. Sin embargo él no comparte esa euforia. Su hija lo mira y le pregunta qué le pasa. Parecés triste, le dice. 

Le piden permiso al comisario para filmar la ceremonia de entrega. No. Le exigen al comisario que deje filmar. Ahora son la raza y la nación, son la gente. Saben que saldrán en el diario, en la tele, y esa certeza les vuelve la carne un poco más temblorosa, una ansiedad de protagonismo exagera sus movimientos. El comisario viene de tres noches sin dormir y los recibe como puede, los quiere despachar rápido, pero cuida las formas. Cuando ve el gato, se descompone, su cuerpo se curva como si perdiera tensión, y se retuerce en tres o cuatro arcadas. Cuando se recupera pregunta qué quiere decir, qué es ese gato muerto. No sabemos, le dicen. Lo traían los choros. Nosotros devolvemos todo, dice el que se había encargado de guardar las cosas. El comisario no quiere disimular que no entiende nada, pero sí quiere que se vayan lo más pronto posible. Los felicita, les agradece la conducta cívica, pero les recuerda que no deben hacer justicia por mano propia. Se arma una mínima discusión acerca del rol del Estado. Los vecinos se van, bastante orgullosos de haber custodiado las camperas, las zapatillas, los celulares y el gato muerto. El comisario llama a un oficial y le ordena llevar todo a los galpones en donde se está juntando el resultado de los allanamientos. Tire ese gato a la mierda, le aclara. 

La bolsa está manchada por un líquido que no parece sangre, hay pelos, también, y el logo del supermercado aparece atravesado por aberturas en el nylon por donde asoman partes del lomo del animal. Tirada en un contenedor al lado de las vías, nada en esa bolsa recuerda la amistad, el amor, el cuidado de su dueño, que ahora sale a caminar, pasa por la plaza y mira de cerca los agujeros que las balas dejaron en la mampostería del bar, sigue unos metros más, analiza las persianas  ultrajadas de la casa de ropa, pasa por el frente de la comisaría y va hacia las vías, siente la pestilencia, se acerca por las dudas, se asoma al contenedor. La luz del sol se posa sobre su gato. 


Jan 5

Folklore en el agua. Villa del Rosario.

Los vecinos pasaban cerca de los restos del algarrobo con las formalidades de quien asiste a un homenaje. Una mezcla de sensaciones los llevaba de la tristeza por el recuerdo umbrío del tornado que arrasó con Villa del Rosario, a la euforia por la proximidad de una fiesta. El viejo árbol, que hasta hace dos meses debía ser rodeado por tres para abrazarlo, estaba extendido, helado y muerto como un capitán al que había que saludar antes de darle paso a la música y los brindis de un año que buscará sobrepasar una catástrofe. 

Detrás del escenario algunos troncos atraviesan aún el río, y las ramas peladas de los pocos árboles en pie parecen un souvenir gótico de lo que supo ser una frondosa arboleda. Con excepción de la zona inmediata al predio, todo el paisaje da cuenta de algo que escapa a la comprensión de los hombres. 

La 46 edición del festival Nacional de Folklore en el Agua abrió con récord absoluto de asistencia: unas 9 mil personas de todo el departamento Río Segundo se agruparon en la costa del Xanaes. Había una explicación doble para el suceso: por un lado, el artista popular más convocante del momento, Abel Pintos, traía su exquisito repertorio, su entusiasmo por un nuevo disco y su particularmente reparadora presencia. Por otro lado, la convocatoria a un renacimiento de la ciudad tocaba fibras íntimas de propios y parientes: había que ponerse pituco, perfumarse y salir a hacerle el aguante a la Villa.

El tornado que el 2 de diciembre pasado se llevó dos vidas, 31 casas y 200 años de vegetación había puesto en duda la realización del festival: sin embargo, según lo que contó el intendente Roberto Herrera sobre el escenario, la gente pidió que se hiciera. Los pueblos y ciudades cercanos también se sumaron. De hecho, el viernes estuvieron presentes todos los intendentes de la zona. Se hizo lo que se pudo en la costanera y se tomó la ocasión como una oportunidad para que la comunidad se reconociera en una forma de supervivencia alegre.  

Por eso, pasadas las 23, cuando el himno nacional dio inicio oficial a la velada, daba la impresión de que no había faltado nadie: estaban los tempraneros que habían primereado mesas en los comedores que rodean al predio, las familias que hacían larguísimas colas para conseguir una porción de cordero, los musculosos que no resignaban la exhibición de sus bíceps a pesar de la fresca, las chicas que estrenaban shortcito cruel, los nenes que podían reconstruir la ciudad moldeándola con la espuma loca que le tiraban a la prima gritona, los plateístas celosos de su inversión que no se movían de la silla ni para ir al baño, los populares de reposera propia con su gesto de sobrar a los que pagaron más pero no se podían reclinar, los gringos altos con el celular en el cinturón, las llaves del auto a la vista y un fernet en la mano, las niñas fluorescentes con su kit de fans de Abel Pintos. Estaban, claro, las lindas del pueblo agrupadas para atraer a los pesados de camiseta de fútbol europeo y colmillos de cazador. Estaban las señoras melancólicas con sus vestidos llenos de flores, y estaban también los señores de camisa rigurosa y cabello demasiado obediente a los dictados de la gomina. Asistencia perfecta para que el fénix remonte su vuelo después de la tormenta. 

Todos hacen un recorrido por una mini feria cuyo espectro de ofertas es tan amplio como caprichoso: de discos pirata con tapa fotocopiada del mismo artista que se presentará en un rato, a viajes a Disney para los 15 años, pasando por autos cero kilómetro, con gente realmente interesada en comprar uno, ahí, justo al lado de un puesto de venta de tortillas artesanales y praliné. Resultaba curioso ver a los potenciales compradores de un C4 mirando con seriedad mecánica los interiores del auto, afirmando con la cabeza el discurso convincente del vendedor y deteniéndolo todo con gesto de técnico que pide un minuto para tomar el resultado de la mezcla de vino y azúcar en el interior de un melón. 

Mientras el dúo La Copla y el grupo La Callejera amenizaban la noche, Abel Pintos esperaba su turno en un pequeño hotel de Villa del Rosario: la situación, le dice el cantante al periodista del diario, es particularmente excitante “porque es el primer recital del año, el comienzo de una extensa gira, y por lo que le ha sucedido a esta ciudad”. Abel reflexiona que “muchas veces no sabemos qué hacer cuando la naturaleza muestra su fuerza… y me parece emocionante que hayan decidido juntarse a ser felices por un rato. Cuando mucha gente se junta en un lugar a compartir algo de felicidad, siempre pasa algo bueno”. 

La llegada de Abel estaba prevista para las 2 y se retrasó unos 40 minutos: la madrugada rugió cuando el cantante comenzó su presentación con la última canción de su último disco, que fue la previa para el alarido ensordecedor que suele acompañar los primeros acordes de No me olvides. 

La noche se había hecho larga pero recién empezaba. Abel brillaba en su cielo folk pop y una ciudad encontraba su excusa para sonreír alrededor del viejo algarrobo destruido. Al fondo, algunos brotes verdes sobre las ramas desoladas también parecían cantar. 

Publicado en La Voz del Interior. Domingo 5 de enero de 2014. 


Dec 6

Saqueos en Córdoba. Nos entregaron.

Córdoba vivió dos días infernales cuando una banda de violentos delincuentes que desconocieron cualquier responsabilidad… se autoacuarteló y entregó la ciudad. 

Todo empezó con un grupo de esposas de policías y un reclamo lógico por los sueldos indignos de gran parte de la fuerza. Y en algún punto se fue a la mierda. La policía se autoacuarteló y los cordobeses fuimos testigos, víctimas y protagonistas de la peor versión de Córdoba en los últimos 30 años. Saqueos generalizados, barricadas, fuego, vecinos armados, el gobernador en un free shop de Panamá, la Ministra de Seguridad en una nube de pedos, el jefe de Gabinete Oscar González buscando sinónimos de saqueo para poder salir a decir que no había saqueos sino… bueno, todavía no encontró el sinónimo adecuado, y la vicegobernadora Alicia Pregno que parece una india ranquel en la época de Roca: después de la campaña, no se supo más nada de ella. 

Yo entré a la ciudad a las 3 AM y vi algo que superaba en delirio a la peor predicción satánica de Lilita Carrió. Un quilombo generalizado, con pibes que nos apuntaban “por las dudas” y varias calles totalmente cortadas por barricadas prendidas fuego. Sentí mucho miedo, como seguramente lo sintieron todos. Sentí mucho miedo de que José Manuel De la Sota vuelva a ser gobernador. 

Es complicado el miedo. Te activa algo no muy agradable. Todo indica que si tu papá te compró un piso en Nueva Córdoba para que vengas a estudiar, el miedo te activa un enano fascista que adopta la forma exacta de tus músculos. 

En medio del caos un pibe que iba en moto con su amigo y que no tenía nada que ver con los saqueos fue abatido por un grupo de musculosos y rabiosos vecinos de Nueva Córdoba. Le pegaron hasta cansarse, por las dudas. Le prendieron fuego la moto. No lo hicieron jabón porque no tuvieron tiempo: había muchos otros “negros” que podían pasar por ahí. 

Igualmente todos los que mencionamos el caso, me incluyo, hacemos foco en que “no tenía nada que ver”, en que no estaba saqueando. Pero: si sí hubiera estado saqueando… ¿la paliza hubiera sido justa? Tenemos el enano fascista haciendo horas extras para solucionar ese dilema. 

“No roban comida”, dijo el Gobernador y dijeron casi todos los periodistas y casi todos los opinólogos y casi todos los usuarios de Facebook. “No roban comida” por lo tanto son choros. Porque no roban por necesidad. Nos meten en la cabeza, en el cuerpo y en el alma que NECESITAMOS un smartphone, que NECESITAMOS las mejores zapas, que NECESITAMOS ropa que demuestre nuestro status, que NECESITAMOS un LED para ver con la mejor calidad posible los goles de Messi. Ah, pero si la cana te libera un Garbarino y vos vas a sacar un tele sos un choro y nos das asco porque “no hay necesidad”. 

Muchos comerciantes se entristecieron al ver sus negocios hechos mierda por gente que ellos conocen. Yo vi a uno que lloraba, deshecho, y me decía que él conocía muy bien al que le hizo mierda la vida, al que le destruyó todo lo que él había construido a fuerza de trabajo honesto… “no sólo lo conozco, lo voté tres veces para que sea Gobernador”, me dijo. 

A todo esto De la Sota estaba en un Free Shop en Panamá. Comprá todos los perfumes que quieras, José Manuel, seguís oliendo a muerte. 

El tipo llegó a la una de la madrugada y anunció que a las 11 se iba a reunir con su gente para solucionar esto. Fue como cuando te están goleando en un partido de fútbol, vas perdiendo mal, y suena el pitazo del árbitro… y es sólo el final del primer tiempo. 

Además el tipo dijo que los policías cobraban 9000 pesos y que no había posibilidad de aumento. Listo. Todos a la calle de nuevo. Me imagino a De la Sota tratando de resolver la crisis de misiles en Cuba en el 62… “¡eh, rusos, acá dicen los yanquis que ustedes son todos putos!”. 

Mientras tanto la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva salía a decir que no hacía falta la llegada de Gendarmería. Después salía a decir que sí hacía falta pero que no la habían llamado. Después salía a decir que sí habían llamado pero nadie le había respondido. Y después salió a decir que no había querido decir que no le respondían para no generar pánico. ¡¿Qué carajos?! ¡Ya había pánico! ¡Ya lo habías generado! ¡Es como que Jorge Lanata y Gustavo Tobi salgan juntos a decir que no quieren hacer más periodismo porque no quieren quedar como fascistas pelotudos! ¡Ya está eso! 
Igualmente todo esto nos ayudó a saber para qué le sirve a De la Sota la experiencia colombiana de Alejandra Monteoliva: parece que prepara unos cafés riquísimos. 

El Gobernador y sus colaboradores decían que sí habían llamado pero nadie les había respondido. Capitanich decía que nadie lo había llamado. Después apareció un fax firmado por De La Sota a las 8 de la mañana del miércoles. Entonces iba a venir la Gendarmería. Pero De la Sota después salió a decir que no, que no la manden porque ya era tarde. Mientras tanto los cordobeses no sentíamos el jamón y el queso de un sandwich de hijos de puta. 

Finalmente De la Sota arregló con los policías un aumento de sueldo que llevaba el básico a 8000 pesos. ¿Pero… cómo? ¿No cobraban 9000? ¡Qué groso el Gober, no sólo acordó sino que les rebajó mil mangos! Entre la 1 y las 12 del miércoles De la Sota mintió tanto que las mentiras del mediodía contradecían a las mentiras de la madrugada anterior. 

Después nos pidió a los periodistas que le enviáramos imágenes de los saqueadores para que la policía pueda apresarlos. Yo le mandé un espejo. 

Ahora, muchos se escandalizan porque varios delincuentes publicaron en las redes sociales el resultado de sus saqueos. Y es cierto: en el facebook de Eduardo Angeloz hay fotos de sus campos en el departamento Nono y en el facebook de Carbonetti aparecen dos de sus 4x4. Yo quise sumarme a la ola de denuncias, pero no encontré ninguna foto de Oscar Aguad con la guita que se choreó en Corrientes. 

Otros tantos se quejan de que nadie nos protege y dicen “¡mirá lo que pasa si no hay policía!”. Pero esto no pasó “porque no había policía”. Creo que el suspiro debería ser así: “uh, mirá lo que pasa cuando el gobierno usa a la cana para vender merca, después la deja sola cuando salta la bronca, y la policía se autoacuartela y manda gente a que haga mierda todo!”. 

Lo más triste de todo esto fue que a la misma velocidad en la que De la Sota decide aumentar un impuesto, científicamente conocida como “velocidad de la luz”, se propagó por Córdoba un discurso violento y xenófobo, científicamente conocido como “discurso de De la Sota”. 

Personalmente estoy con los que piden justicia. Entiendo que lo justo sería que todos tuviéramos los mismos derechos para circular por las calles de Córdoba, para entrar a los centros comerciales y para andar en moto con pantalón de gimnasia. Entiendo que lo justo sería que todos tuviéramos el mismo acceso a una educación que nos forme para que, ante una vidriera rota, hagamos algo para repararla en lugar de llevarnos 10 camperas, o ante un camino poco transitado, lo asfaltemos sin antes comprar por dos mangos los terrenos o sin desalojar a los campesinos, o ante una provincia en crisis, pongamos lo mejor de nosotros para arreglar las cosas en lugar de tomarnos el palo con 60 millones de dólares. 

Cuando todo comenzaba a “resolverse” y la policía salía floja de protocolo a recuperar botines del saqueo, el Gobernador anunciaba la ayuda oficial a los comerciantes: créditos blandos de 10 mil pesos. ¡10 mil pesos! ¡No te alcanza ni para tres meses de coima al comisario para que no te vuelvan a liberar la zona! 

¡Ah! ¿Ayuda monetaria de parte del Gobierno Nacional para las víctimas del saqueo? No se sabe nada. ¿Alguna clase de medida que no sea esperar a que De la Sota queme solo toda la provincia? No se sabe nada. ¿Alguna palabra oficial que vaya más allá de pegarle al gallego por la mitad de las cosas por las que deberían pegarle? No se sabe nada. Durante la mañana del viernes llegaron 2 mil gendarmes. Si están muy al pedo… que le vayan a arreglar el fax al gobernador.


Nov 28

Sentada sobre elefantes

Sentada sobre elefantes 

Tamara Villoslada inaugura mañana en el Museo de las Mujeres su muestra “Ofrendas / Visiones Celestiales”, un trabajo en torno del dibujo como práctica espiritual. 

Una posible primera sensación ante las obras de Tamara Villoslada es una ligera y confusa nostalgia de una narrativa, un presentimiento de una historia que une de un modo intenso los largos cabellos de la mujeres algo extenuadas que parecen flotar sobre el papel, los artefactos de procedencia heterogénea y los símbolos místicos. Sin embargo la contemplación un poco más paciente puede tener una recompensa: la prescindencia de esa clase de necesidades, la entrega a una situación que más que principio, nudo y desenlace presenta un paisaje que es de todo menos lineal, un paisaje que es un modo de pensamiento, una imagen que más que representación es una práctica. 

Tamara inaugura una nueva muestra mañana en el MUMU: se trata de Ofrendas / Visiones celestiales, que según las formalidades de la sala “es un trabajo basado en el dibujo que como forma de sacralización de imágenes e intenciones, una reflexión y reinterpretación de imágenes icónicas y sagradas”. 

-¿Por qué se llama “Ofrendas” la muestra? 

-Hace tiempo me vienen fascinando (siempre descubro alguna nueva) las imágenes y prácticas relacionadas con lo espiritual y sagrado. Por la función que cumplen y porque me interesan estéticamente. Y en este proyecto en particular trabajo a partir de esta relación, especialmente cuando ambas cosas se juntan: cuando la representación de estas imágenes constituye una práctica espiritual en sí misma. Surge del pensar en el poder de las imágenes y del dibujar, en su función como médiums para dar coraje, para dar alivio, para recordar los cielos, para pedir y agradecer, para transmitir mensajes del más allá. Entre éstas prácticas me llamó especialmente la atención la experiencia de la comunidad “Shaker” (una secta religiosa formada en Inglaterra del siglo XVIII e instalada luego en Nueva York), cuyos miembros transcribían sus visiones celestiales en forma de dibujos y canciones que eran regalados a otros miembros de la comunidad para dar aliento espiritual. Su legado cultural terminó dando a conocer a este grupo formado mayoritariamente por mujeres.

-¿Quién o quiénes son los destinatarios de estas ofrendas? 

-Las ofrendas suelen entregarse en forma de agradecimiento por un favor recibido o que se espera recibir. Para ganar el favor de fuerzas sobrenaturales, dioses, santos… aunque por ejemplo en esta comunidad de Shakers se los entregaban entre sí. Lo cual suena muy lindo. 

-¿Qué clase de cielo se ve en estas visiones celestiales? 

-La visión del cielo la construye cada uno y a la vez siempre termina siendo el mismo. Al reflejar distintas creencias y prácticas religiosas -la Anunciación católica, la cosmogonía egipcia, el camino de la iluminación según los tibetanos, los ex-votos mexicanos- creo que se puede leer ésta idea de una misma búsqueda desde distintos caminos. Al final siempre se trata de una búsqueda de conexión con algo Superior.

-¿Cómo y cuándo comenzaste a dibujar elefantes? 

-¡Empecé a dibujar elefantes para ésta muestra! Uno de los dibujos que más me entusiasmó representar es el Camino de la Calma (The Path of Calm) que simboliza el recorrido que el meditador ha de transitar para dominar su mente (que se simboliza con el elefante) dejando de lado la inquietud y distracción (el mono). En un principio el meditador (una chica en este caso) va detrás del elefante y de a poco va dominándolo con ayuda de una soga y un aguijón (el mono va quedando atrás hasta desaparecer) y finalmente termina siendo dueña de su mente, sentada sobre el elefante y desplegando su potencial. Igualmente en la iconografía hindú el elefante ocupa un importante lugar y ¡terminé pintando otro en la pared!

-¿Qué clase de experiencias precedieron a los dibujos de esta muestra? 

-Creo que fui “coleccionando” imágenes sagradas en el contexto de talleres de dibujo que di en los últimos años. Como es un tema que fue llamando cada vez más mi atención aprovechaba para ponerlo como disparador en las clases y al final fui teniendo mi selección de aquellas que además de interesarme estéticamente me atraían por su función o el hacer que envolvían (sobre todo si el dibujo estaba vinculado). O sea que también hice mi parte de investigación al respecto, algo nuevo en mi proceso de trabajo y que me pareció interesante.

-¿Qué relación hay entre tu trabajo con el yoga y tu trabajo con el dibujo? 

-Mi trabajo con el yoga y la meditación son parte de un camino de búsqueda que claramente se ve reflejado en mis dibujos, especialmente en ésta muestra, pero tanto como otros aspectos de mi vida. Paralelamente a éstos dibujos que se podrán ver el “Ofrendas” estoy dibujando un diario (“Barcelona”) donde trabajo también desde lo autobiográfico pero más desde el humor. También es parte de mi vida.

 -¿Qué tan atrás quedó tu experiencia europea, la vida en Barcelona y las tapas de Millenium? 

-Fueron 7 años intensos, en los que viví muchas cosas que me constituyen. Una especie de viaje de iniciación, que marcó mi paso a la vida adulta (de éso trata el libro que estoy dibujando). Y como suele suceder con estos pasajes iniciáticos, la cosa terminó con un viaje hacia adentro, que fue lo que terminé de vivir al volver a Córdoba reencontrándome conmigo misma, mi lugar, y donde el de yoga y la meditación fueron simplemente herramientas para acompañar ésa búsqueda. Ahora diría que estoy integrando ambas experiencias, pues soy un poco de aquella y un poco de ésta. Así que ni tan cerca ni tan lejos de aquello vivido en Europa. Agradecida por todo lo que significó para mí.

Ficha 

Tamara Villoslada es dibujante y diseñadora gráfica. Creció en la Patagonia y estudió en Córdoba. Vivió siete años en Barcelona, donde hizo un posgrado de Ilustración. Cuando regresó a la Argentina, su rostro ocupada grandes carteleras porque aparecía en la obra de Gino Rupert, el artista que ilustró las tapas de a versión en español de la saga Millenium. Actualmente trabaja como instructora de yoga. Expuso individualmente en Duduá Art Gallery (Barcelona) y en colectivas en Barcelona, New York, Tokyo, Buenos Aires y Córdoba.

Muestra 

El Espacio Cultural MUMU inaugura Signos, la última muestra del año, el jueves 28 a las 1930. Signos se compone de cuatro proyectos que fueron seleccionados mediante la Convocatoria abierta 2013. En esta oportunidad los artistas que participan son: Tamara Villoslada, Florencia Walter, Nicolás Balangero y Santiago Lena junto con Liliana Menéndez. La muestra estará expuesta hasta el 22 de febrero de 2014 para ser visitada de martes a sábado de 10 a 20 con entrada libre y gratuita.

Publicado el jueves 28 de noviembre de 2013 en Ciudad X, La voz del Interior. 


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