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Archivo de notas y textos publicados por Emanuel Rodríguez.

Apr 18

Hasta las estrellas siempre

Jorge Chacho Marzetti conduce “El vagabundo de las estrellas” todas las noches por Radio Nacional Córdoba. Es un programa único en su especie, donde se leen poemas, cuentos y novelas, en un equilibrio increíble entre la emoción, la diversión y la sensibilidad. 

Es un culto de noctámbulos, casi una necesidad después de una jornada de arrolladoras noticias: una hora antes de que acabe el día por AM 750 un hombre de voz de caverna baila frente al micrófono rodeado de libros y lee, y canta, y repite algunos mantras, e inventa un mundo más parecido al real que cualquiera de las informaciones urgentes del día. Chacho Marzetti, lector de poetas, es un delirante locutor y conductor radial cuya tradición de pelea por una literatura más alcance del oyente lo convierte en una figura oculta y trasnochada pero imprescindible de la cultura local. Verlo haciendo radio es una experiencia que debería formar parte del plan de estudio de una licenciatura en sueños rebeldes: el estudio a oscuras, Chacho descalzo, parado, moviéndose a un ritmo que él impone pero que parece impuesto por algo que no vemos. Con ustedes, el hombre que lee hasta que te salva la vida. 

-¿Por qué hacés radio descalzo? 

-Hago radio descalzo, por magia. Para que, desatándome abajo, se me desaten la lengua, el corazón y el pensamiento.

-¿Qué otras cosas son imprescindibles para tu programa? 

-Libros, discos, auriculares, velador y un operador atento, como madre que amamanta al niño, mirándolo. Si algo de eso falta habrá música sin mi intervención. Sucede en noches de mala suerte.

-¿Qué tiene que tener una literatura para formar parte de tu programa? 

-Tiene que sonar como una canción. La literatura es mi partitura y yo canto. 

-Tu voz… ¿es un don o es un logro? 

-Dado a elegir entre don y logro, elijo logro: despreciaba mi voz, pero la formé gritando poemas durante mi adolescencia. Mi voz son horas de poemas gritados.

-¿Con qué sueña Chacho Marzetti después de hacer el programa? 

-Monto mi bicicleta y vuelvo a casa, las calles oscuras de la madrugada son el sueño en el que pedalea un hombre feliz de haber hecho su trabajo.

-Supongamos que te ofrecen un megáfono tal que durante un minuto todos, todos los cordobeses te puedan escuchar… ¿qué les dirías durante ese minuto? 

-Les diría el poema de Juan Gelman que repito como leitmotiv durante mi programa: “Adónde irá a parar tanta desolación, tanta hermosura, hemos hecho y deshecho. Hablen trabajadores del amor”.

-Por estos días estás leyendo “Tres golpes de timbal”, de Daniel Moyano… ¿cuáles son los desafíos de leer una novela por la radio? 

-Son magníficos los desafíos de leer una novela por radio: hay novelas en las que hay que desarrollar los personajes, sus voces, sus modos; para eso debo asumir una postura corporal para cada uno, para que la voz cambie levemente de un personaje a otro. Hay novelas en donde lo fundamental es el suspenso y tengo que manejar ese suspenso, ayudarlo, expresarlo, insinuarlo. Hay novelas que exigen mi emoción, mi dramatismo. Y otras, como Tres golpes de timbal de Daniel Moyano, que tengo que leerlas con lentitud, con presencia, valorizando cada palabra y cada fraseo para que el sonido de la palabra y la imagen transporte al oyente a un lugar inhóspito en la cordillera de los Andes. Y por sobre todas las cosas tengo que lograr que no todos apaguen la radio o cambien el dial. Muchos se van, pero para los que se quedan y para mí el premio es enorme: hemos leído juntos una novela, y hemos llorado juntos, y hemos estado en situaciones cómicas o dramáticas. Para el que oye y para mi eso será inolvidable.  

-¿Qué anécdota del programa recordás con mayor cariño o intensidad? 

-Hace unos doce años recibía cartas de una oyente llamada Haydé desde un lugar en las sierras. Hermosas cartas llenas de sensibilidad y agradecimiento. Después supe por su madre que esas cartas fueron la primera conexión con el mundo de Haydé después de haber decidido no hablar más y no recibir nunca más a nadie porque en un asalto le habían matado al esposo ante sus ojos y a ella la habían violado. La madre cada noche le ponía en su mesa de luz un ramo de flores y la radio encendida con mi programa. Y ella encontró una voz confiable, y por esa voz volvió a confiar en el mundo. Las cartas se sucedieron durante un año. Un día vino la madre a contarme la historia, agradecerme, y a contarme que Haydé se había ido a Canadá. Otro joven oyente vino a agradecerme un día porque yo le había salvado la vida. Era oyente eventual del programa. Padeció una fuerte depresión y quiso suicidarse con un balazo en la sien. Cuando tenía todo preparado su última voluntad fue escuchar una ópera cantada por María Calas, que él admiraba, y decidió poner el disco para quitarse la vida oyéndola. El cd estaba rayado, y furioso por la situación, apagó el equipo de música pero erró la tecla y presionó la radio en el momento en que yo leía un largo poema de Rainer María Rilke en donde el poeta le habla a un suicida recriminándole por qué se había matado. Un poema de unos quince minutos que al oyente le hizo dejar el revólver y dormirse. Al otro día estaba vivo, agradeciendo estar todavía en este mundo.

-¿Quién o cómo es tu oyente ideal? 

-Los que ponen el programa como si asistieran al teatro o al cine.

-¿Cómo te gustaría despedirte de esta entrevista? 

-Recordando a Hugo Guerrero Martinheiz y a Jesús Quintero. Guerrero a fines de los 60 y Quintero en los 80 fueron escuchados por mi con unción. Hicieron ejercicio de libertad y arte por radio. Les debo todo.

Jorge Chacho Marzetti es locutor y conductor radial. Conduce el programa “El vagabundo de las estrellas”, que se emite de lunes a viernes de 23 a 1 por Radio Nacional AM 750 y FM 100.1. En Internet hay un archivo con todos los programas: www.elvagabundodelasestrellasrn.blogspot.com.ar

Publicado en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 18 de Abril de 2013. 


Apr 16

Avanti poeta

La editorial Garrincha Club presenta este martes en Córdoba el libro doble “De tal palo / ¡Basta de escribir novelas!”, de Iván Noble y Washington Cucurto. Se trata del debut literario del ex líder de Los Caballeros de la Quema.

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“¿Será demasiado pedir/ que la gente que no dice nada/ deje de hacerlo a los gritos?”. Iván Noble no levanta la voz para escribir esos versos en De tal palo, un poemario que supone su debut en la versión libro de una disciplina que supo cultivar bajo un manto de protección de rock sensible. Ahora aparece algo despojado de esa herramienta que llena estadios y confiesa que se pone más nervioso leyendo frente a 100 personas que cantando frente a 10 mil.

“Como en el poema célebre de Pablo Neruda,/ el chilenis, ¿te acordás?,/ así, guacha, me trataste./ Como el sorete que,/ tal vez, en el fondo, sea.”. Washington Cucurto es un pez y la poesía es el agua, su materia, un ecosistema que él mismo reinventa a fuerza de situarse de un modo ligeramente ridículo frente al abismo de la existencia. Con una alegría cumbiera y popular que contrasta con los argumentos tristes. Argumento triste, filosofía alegre: esa ecuación extraña le ha dado a Cucurto una reputación de negro ídolo, libérrimo y celebrado, a un mismo tiempo preocupado por la poesía y despreocupado por los poetas.

El libro de Noble y el de Cucurto (¡Basta de escribir novelas!) forman parte de un mismo objeto, un libro doble que será presentado hoy en el Centro Cultural España Córdoba con los dos autores sobre el escenario. Ambos comienzan sus colecciones de poemas con referencias paternales: Noble desde el poema que da título a su libro, Cucurto desde “Mamífero Vega”. Noble repasa la nobleza embarrada de sus antepasados para hacer un constraste con su propia vida “Yo no conozco ni la lepra ni las trincheras/ Dormí demasiadas siestas en camas calientes/ que nunca tendí/ y me sobran los dedos meñiques/ para contar las veces que lavé mis calzones”. Se tira a menos de un modo apenas encantador, traza un perfil de perdedor exitoso y desde esa plataforma construye momentos de una cotidianeidad más o menos intensa: “Mi esposa dice que/ cuando me sirvo el queso rallado/ dándole golpecitos al sobre/ para que caiga parejo/ se deprime”. Cucurto pone “¡se murió!” entre signos de exclamación y explica en una posdata: “Muchos creen que tengo un rollo con mi padre. Pero no. Es personaje. Al igual que yo, personaje. El rollo es siempre conmigo mismo”.

Quiero ser escritor

“La historia es muy corta. Durante algún tiempo yo escribí cosas que no eran canciones”, explica Iván Noble sobre el origen de su libro, “básicamente relatos cortitos y poemas, como una forma de descansar de las canciones. Me gusta mucho escribir canciones, claro que sí, pero a la larga, a nivel literario la canción puede ser una especie de jaula, siempre tenés tu corsé… la rítmica, la rima… Son oficios vecinos, la poesía y la canción, pero son diferentes. Digamos que son vecinos que comparten el tendedero, pero no son lo mismo. Entonces siempre tuve la necesidad de escribir otras cosas que no tuvieran que ver con las canciones, las junté y eso llegó a oídos a de la editorial Garrincha… y en algún momento me propusieron editar un libro de poesías. Me pareció una buena idea pero un poco arriesgada en lo personal, así que nunca fui muy a fondo con eso. Cuando insistieron un poco, me pareció que era el momento para desvirgarme en ese nivel, y cuando me enteré que la idea era hacer un libro doble, con Washington, ya me pareció que si él estaba de acuerdo, siendo que él es un poeta con credenciales, para mí iba a ser un honor y un placer. Y así fue”.

“Ojalá sea el primero de varios”, concluye Iván, por teléfono, entre un almuerzo y la preparación de un show musical. Hay en sus declaraciones un tono potente entrenado en el diálogo con la prensa, y al mismo tiempo un cierto temblequeo cuando la conversación se aproxima a la materia de su libro. Esa conjunción da como resultado una imagen que se parece a la del poeta de De tal palo, un hombre al que le ha ido bien pero a veces se siente mal, con algunas seguridades acerca de sus partes inseguras, con una fuerte inclinación al golpe de efecto sentimental.

Cucurto por su parte está copado con el proyecto: “Iván es un gran músico, compositor, letrista… y escribe buenos poemas”, dice desde algún lugar de Buenos Aires mientras alguien le pide que “la haga corta”. “Es un libro extraño, un libro doble. Una aventura, una experiencia nueva. Haber leídos los libros mutuamente, ahber hecho alguna sugerencia respecto a los versos, al motivo del poema… y sí, ha sido una cosa bastante especial”.

“Se puede leer como un libro unitario, escrito por una sola persona, creo que los poemas están muy relacionados, la temática y hasta el tono en algunos momentos son muy parecidos. Son poemas contemporáneos, se nota el rasgo de una generación, esa literatura oral, coloquial, que siempre cuenta un suceso, algún tipo de acontecimiento barrial o familiar, aparece mucho la ciudad, creo que esos son los rasgos característicos”.

Lugar común, la poesía

El crítico literario Maximiliano Tomás escribió en La Nación acerca de este libro doble: “Poesía y rock suelen correr por caminos separados, y hasta es recomendable que así sea. La pequeña editorial Garrincha acaba de imponer una excepción”. Cucurto reniega de la primera parte de la aseveración: “Yo creo que el rock también es poesía, y la poesía tiene alguna cosa relacionada con la música, sea el rock, sea la cumbia, el jazz… la poesía tiene un recorrido muy largo. En Estados Unidos hay muchos escritores muy relacionados con la música. Así que, me parece que hay mucha afinidad entre ambas actividades, en el fondo son dos caras de una misma moneda.

“Si me apurás un poco y me preguntás cómo me veo de acá a 15 años, me veo con muchas ganas de escribir, más que de cantar. Me gustaría que a la larga esto se convierta en un oficio”, dice Iván Noble. Es curioso: mientras muchos escritores buscan lograr eso que un músico ya logra -eso intraducible, eso que prescinde de lenguaje- Noble plantea un deseo inverso. “Pero lo mío es más por pereza que por otra cosa”, confiesa. “Cuando tocás rock y aledaños, siempre te hacés la pregunta de si a cierta edad ya no será un poco patético el asunto, excepto que logres reinventarte y te transformes en un escritor de canciones… que, bueno… es lo que a mí me gustaría terminar siendo. A mí me gustan los tipos que escriben canciones que vos las podés leer sin la música y funcionan como poemas. De hecho, los tipos que me gustan son escritores, hablo de Leonard Cohen, Lou Reed, Tom Waits…”. Al final Noble retoma el hilo de la pereza: “Me parece mucho más apacible como destino personal imaginarme a los 60 años escribiendo en patas en mi casa que saltando arriba de un bafle… pero quién sabe”.

Presentación
Martes a las 19 en el Centro Cultural España Córdoba (Entre Ríos 40) La editorial Garrincha Club (Buenos Aires) y La sofía Cartonera presentan De tal Palo / ¡Basta de escribir novelas!, de Iván Noble y Washington Cucurto. El editor Santiago Llach se referirá a las obras y los autores conversarán y leerán sus poemas.

Publicado el martes 16 de abril de 2013 en La Voz del Interior. 


Cuando pase el temblor

Después del terremoto es una colección de cuentos escritos por Haruki Murakami después del sismo que, en 1995, mató a más de 6400 personas en Kobe, Japón. 

La herramienta principal de Murakami es su manera de atravesar el límite entre lo cotidiano y lo sobrenatural, la manera en que un mundo que podría ser el de los sueños o el de la muerte irrumpe sin demasiado conflicto en un mundo que podría ser el de la realidad o el que está simplemente al alcance de los ojos. Después del terremoto es una colección de cuentos escritos entre 1995, año del terremoto de Kobe en el que murieron 6400 personas, y 1999: todos tienen en común esa tragedia como un motivo implícito, terriblemente presente a pesar de que apenas se lo menciona una o dos veces por relato y a pesar de que, específicamente, la acción de ningunos de los relatos ocurre en Kobe. Además, están organizados de manera en que esa herramienta principal de Murakami va ganando protagonismo de manera gradual. 

 En el primero de los cuentos, Un ovni aterriza en Kushiro, el narrador cuenta la historia de Komura, un vendedor de equipos de sonido de alta gama que al llegar a su casa tras el terremoto de Kobe observa que su esposa que no deja de mirar por televisión las imágenes de los destrozos. La mujer no es de Kobe ni de alguna zona cercana y no ha perdido familiares ni conocidos en la tragedia, pero lo único que hace ahora es mirar televisión. Hasta que un día ya no está: se fue, y sólo dejó una nota en la que le dice “No volveré nunca más. El problema es que en ti no hay nada que me llene. Eres cariñoso, amable, guapo, pero vivir contigo es como vivir con una masa de aire”. El vendedor tarda en reaccionar, hasta que decide tomarse unas vacaciones. Entonces un compañero de trabajo le pide que le lleve un paquete a su hermana, que vive en Kushiro. Komura acepta, sin saber qué lleva en el paquete, y al llegar a destino termina en la cama con una amiga de la hermana de su compañero. En esa cama Komura confiesa sentirse vacío, y la mujer le dice que dentro de la caja que él había trasladado iba, justamente, lo que Komura tenía en su interior. “Tu contenido. Y ya nunca podrás recuperarlo”. 

Así son las cosas en los escenarios neblinosos de Murakami, y ese recorrido, que puede ser fascinante, también puede ser todo lo contrario: hay un punto de los relatos que se transforma en una constante de la resolución, el argumento vive su propio terremoto y lo que aparece desde esas grietas es algo sin nombre. Caer en breves pero profundos sueños, por ejemplo, es un final que aparece más de una vez en el libro, y esa recurrencia puede provocar una cierta insatisfacción porque entra en conflicto con el registro de omnisciencia del narrador, un “saberlo todo” que engaña al lector cuando se plantea una incertidumbre.

Sin embargo, ese tono incierto se torna dramáticamente surrealista en el delirante quinto relato del libro, Rana salva a Tokyo,una historia que no tiene gradación en la incorporación de lo fantástico, ya que comienza con un flaco que entra a su departamento y se encuentra con una rana gigante que, parada en dos patas, le pide ayuda para salvar a Tokyo de un terremoto que será provocado por un gusano gigante que vive debajo de la capital japonesa. Es un cuento ridículamente divertido y algo sentimental, el más delirante del libro. Ahí aparece un Murakami menos tribunero, que no apela tanto al hit “no sé si esto es un sueño o es la realidad” como al vuelo libre de la imaginación. 

Hacia el final, La torta de miel consagra el plan de exasperación del fantástico de un modo tan intenso que la experiencia de lectura se vuelve particularmente rara: Murakami logra contagiar de extrañeza el mundo del lector de un modo a veces aterrador, porque pone en primer plano un dato que estremece: eso que llamamos “tierra firme” no existe, o, si existe, un día puede abrirse en mil pedazos. 

Publicado en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 11 de abril de 2013. 


Te hacen oír

César Pucheta y Gonzalo Puig son los autores de “Bienvenidos al show”, un recorrido periodístico por la actualidad de la música cordobesa. Ahora lanzaron “Otra Canción”, una web para que ese camino siga su paso firme hacia la consolidación de un campo autóctono. 

Foto de Natalia Mondelo. 

Hay una ley cruel que dice que no hay fenómeno cultural masivo sin un periodismo que lo transmita como fenómeno cultural masivo. Si bien es un tanto extremista, es una máxima útil para explicar cierta urgencia en la conformación de un campo crítico acorde a lo que sucede en Córdoba, cierta necesidad de apertura de nuevos medios y nuevas voces, un requerimiento que hace que determinados empeños, como el de Gonzalo Puig y César Pucheta, sean agradecidos. Los autores de Bienvenidos al show, un libro pionero en su intención de reflejar un momento (el presente) de la música cordobesa, lanzaron ahora un proyecto multimedia que parece ser la continuación lógica de ese libro, el sitio Otra Canción (www.otracancion.com.ar), que se autodefine como “periodismo musical con una mirada cordobesa”.  

-¿Qué significa “mirada cordobesa”? ¿Qué tiene de particular una mirada cordobesa? 

-Mirada cordobesa no es lo mismo que cordobesismo. La mirada que imprimimos sobre la música esta permeada por la realidad que vivimos en Córdoba. Cuando analizamos el mercado o la industria musical, lo hacemos desde una ciudad donde solo se puede hablar en esos términos de cuarteto. Cuando hablamos sobre una banda internacional, lo hacemos desde las ansias de que alguna vez venga a Córdoba. La mirada cordobesa pone en igualdad de condiciones a los músicos de la provincia con los de otros lugares del mundo. La mayoría de los portales musicales con los cuales nos informamos y se informan los medios cordobeses, son porteños o extranjeros, y por ello creíamos interesante poder mechar algunos aspectos identitarios de esta región a los análisis que podamos hacer del mundo de la música. 

-¿Qué recuerdan de cuando se les ocurrió hacer esta página web? 

-La página nació durante el proceso de escritura del libro Bienvenidos al Show. No recordamos el momento exacto, debe haber habido música y café. Luego hubo varias jornadas de compartir la idea con músicos y colegas, que nos dieron la pauta de que era necesario poner manos a la obra.  

-¿Cómo convencerían a un melómano de que visite regularmente la web de Otra Canción? 

-Así, invitándolos a escuchar. Un melómano tiene esa manía. La página suena, todo el tiempo está sonando. A través del trabajo periodístico tira puntas, informa y recomienda otras escuchas. La actualización es permanente e incluye músicas locales y del mundo, intentando ser una herramienta no solamente informativa, sino también sensibilizadora.   

-¿Cuál es el techo de “Otra Canción”? 

-Esperemos que no haya tal. Estamos para ser sorprendidos. La inquietud, la incomodidad y la curiosidad nos llevan siempre a intentar romper posibles techos. 

-¿Qué crítica le harían a “Otra Canción” si fueran lectores del sitio? 

-Quizás una de las principales críticas tenga que ver con la extensión de los artículos. Pero en realidad sería una crítica en general al formato y a los modos de leer que tenemos en internet. Debemos trabajar para palear esa sensación de que nos quedamos con cosas por decir, para escribir cosas cortas y concisas. La utilización de herramientas multimedia es una de las cosas en las que estamos trabajando.

-¿Cuál es el principal problema del periodismo musical en Córdoba? 

-Creo que hay un par de problemas graves. El periodismo musical no tiene el espacio que debería tener. Nos hay muchos medios especializados. Otro problema es que muchos no entienden que el periodismo es parte esencial del sistema cultural, no un observador alejado del mismo. Creemos que las discusiones estéticas, políticas y culturales que tienen los músicos no tienen el espacio necesario. Prevalece la crítica y la crónica de un evento o disco, pero no qué circunstancias son las que llevan a un músico a escribir determinada canción. No se pone la mirada en ver qué visiones de Córdoba o de país se ponen en juego. El periodismo, en su mayoría, no se siente parte sino que se plantea demasiado pasivo.

-¿Qué discos cordobeses se llevarían a un viaje espacial? 

-Córdoba Va de Posdata, Adentro hay un jardín de Lucas Heredia, Transpirando la alegría de Los Caligaris, Espuma de La Pata de la Tuerta, Suba de Un día perfecto para el pez banana y Estados de Sur Oculto, Niños Envueltos de Los Cocineros y Madre Baile de Vivi Pozzebón.

-¿Qué canciones pondrían en una cápsula del tiempo para que sean escuchadas dentro de 500 años?

-Ninguna o todas. Las canciones no se entienden de manera aislada. Siempre hay otra canción.

Ficha

César Pucheta es periodista. Trabaja en Radio Nacional Córdoba y forma parte del staff de colaboradores de la revista El Sur (Río Cuarto), el periódico El Observador y Radio Urbana (Monte Maíz, Córdoba) a la vez que realiza diversos trabajos periodísticos para otros medios. En twitter @cesarpucheta.

Gonzalo Puig es periodista. Trabaja en Nuestra Radio 102.3. Forma parte del Consejo Editorial de la Gaceta Cultural Deodoro. En twitter @gonzalo84.

En la radio: A las 0.30 el lunes 15 de abril, (trasnoche del domingo) Otra Canción comienza a transmitir en formato radio a través de Radio Nacional Córdoba AM 750 y FM 100.1. 


Apr 4

Ser un poco más normal

Como si las grietas entre la realidad y la percepción de la realidad fueran demasiado evidentes y al mismo tiempo misteriosas, como si una vida no pudiera resumirse en un párrafo y al mismo tiempo fuera ese resumen lo único que podemos hacer con ella. De ese modo delicadamente ambiguo avanzan los relatos de Mi vida querida, la generosa colección de cuentos con la que Alice Munro podría despedirse de la escritura según sugirió en una entrevista para The New Yorker en 2012: “Dejo de escribir a menudo, por alguna extraña noción de querer ser un poco más normal, vivir más relajada. Pero después se me vienen algunas ideas insistentes.Pero ahora creo que es real, que ya no podré escribir: tengo 81 años, me olvido algunos nombres…”. 

Escribir parece en la obra de Alice Munro un modo impetuoso de enfrentar la vida. La “querida vida” según los relatos semi autobiográficos que cierran este libro y que demuestran el soberbio dominio de las técnicas que llevaron a Alice Munro a la celebridad: su capacidad de condensar el destino de una vida en una serie de momentos significativos, un resumen de cómo la vida avanza de a pequeños, sutiles cambios, de cómo la gente se aferra o se deja ir, se adapta o se rebela, de acuerdo a una mecánica que disiente de las generales de la ley, una forma más verosímil que la sorpresa trágica, de una consistencia perturbadora y simultáneamente cautivante. 

Munro construye sus relatos con algunas recurrencias: casi nunca sabemos el asunto del cuento hasta que estamos un poco más allá de la mitad, y por alguna razón percibimos que, aunque lo acabamos de descubrir, el cuento nunca habló de otra cosa. Pequeñas coincidencias, giros de apariencia insólita en las biografías de los personajes, la rigurosidad de la muerte, la rigurosidad, también, de las ansiedades vitales: de un modo subterráneo todos esos elementos configuran las raíces de lo que leemos, su forma de planta perfecta e inabarcable. 

Siempre da la impresión de que falta algo para describir los cuentos de Munro. Probablemente se deba a que sus marcas de autor son sutiles y muchas veces consisten en desaparecer, incluso cuando habla de sí misma. Su motivo más frecuente, que consiste en las formas particulares e indescifrables que cada persona encuentra o construye para lidiar con la ausencia -por muerte o por viaje, por decisión o por imposición, por enfermedad, pero ausencia al fin- , quizá también imponga un modo de escritura ligeramente ausente, una manera de imprimir marcas de autor más reservadas, una variedad de perfil bajo que la ubica en un punto poco frecuente del mapa literario contemporáneo, lejos de las literaturas del yo (a pesar de sus experimentos autobiográficos, ¿cómo es eso posible?). Es como si Munro lograra retener siempre algo, una serie de datos vulgares que nunca suelta y que le dan a su prosa una gracia íntima pero no chismosa, una cordialidad que la vuelve amable e irresistible. Lo curioso, entre otras cosas, es que esa retención es generosa, es lo opuesto de la avaricia, aunque suene paradójico, y quizá funciona tan bien justamente porque es paradójico. 

Mi vida querida comienza con un relato acerca de la culpa maternal, un extraordinario ejemplo de tensión narrativa en torno de una anécdota de viaje que incluye una mirada divertidamente devastadora acerca de los ambientes literarios: en una cena de escritores, una mujer recuerda que en las reuniones entre colegas de su marido (que no es escritor) la gente tiene puesta la seguridad personal en otras cosas y las conversaciones son amables y más o menos divertidas. Entre escritores, o sea entre gente que tiene la seguridad personal puesta en el ego, la cosa se complica. Luego viene un relato sobre una profesora en un hospital de tuberculosos. Casi siempre el contexto es el frío canadiense y los cambios en el entramado social que produjo la Segunda Guerra Mundial. La información al respecto es escasa, funciona como un sobreentendido. Los personajes se las arreglan para resolver los problemas de la soledad y la muerte, y asisten a momentos de alteraciones imperceptibles, encadenamientos implacables de hechos que podrían haber sido de otra manera pero ocurrieron así y así sobrevienen sobre la pequeña dignidad que les pueda quedar, sobre el deseo superviviente, sobre el resguardo de una memoria familiar, sobre la ansiedad de rebeldía. 

La velocidad crucero de los relatos es llamativa, hay pocas descripciones y de algún modo la acción siempre avanza como por un principio de inevitabilidad: pasan cosas porque no hay modo de que no pase nada, porque así están dadas las cosas y porque el statu quo es una ficción perversa. Luego, hay momentos de intensa aceleración marcados no por acumulación de eventos sino por remolinos de reflexión, de preguntas, de cavilaciones en torno de los efectos que tienen los actos de uno sobre la vida de los otros, o viceversa. Esa situación, también paradójica, termina de configurar otro de los aspectos extraordinarios y originales de la literatura de Munro, capaz de hacer universales el frío del ártico, los caminos rurales de Ontario y el saludo cotidiano de la persona a la que amamos. 

Publicado en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 4 de abril de 2013. 


Pasaporte de escritor

Ariel Halac vuelve a Córdoba para presentar su nuevo libro de relatos “No había que hacer negocios con argentinos”. 

Una patria hecha de historias podría ser el resultado de los viajes y las búsquedas de Ariel Halac en No había que hacer negocios con argentinos, un libro de relatos que comienza en Córdoba y continúa en dos de los destinos típicos de los diferentes exilios masivos que vivió la Argentina: Miami y Barcelona. El autor, cordobés de nacimiento, parece encarar en el libro de relatos que editó en España y que presentará en la Casona Dadá de San Vicente mañana a las 20, la reconstrucción de una identidad resquebrajada por tanto sello en el pasaporte. 

-¿Alguna vez pensaste qué hubiera sido de tu literatura sin el exilio?

-El ser extranjero es una condición. Pero no una condición de la distancia, sino una condición existencial, una condición de la mirada y la definición de la propia identidad y de la del otro. Kafka, Gogol, Camus, Sartre, incluso Cortázar creo que también sostienen esa mirada que siempre nos aterra, nos deja parados en la otra dimensión en la que deja de haber respuestas claras, rutinas aprendidas, repeticiones que nos protegen del desarraigo y de la incertidumbre. Esa mirada creo que tiene raíz en mi historia familiar de viajes, de diáspora, de inmigración personal y colectiva, de persecuciones y discriminación. La literatura es una experiencia y una conexión que, se nutre de una distancia que podría denominarse, en cualquiera de los casos, exilio. 

 

-¿Qué debe tener un recuerdo para convertirse en materia de un relato?

- Creo que no se trata del recuerdo en sí, se trata de las opciones narrativas, técnicas y conceptuales que el autor y el narrador adoptan sobre la base de ese recuerdo. En definitiva se trata de la manera en que el lector completa ese sentido, que en cuanto más abierto y cambiante, más interesante, divertido, emocionante y profundo será como relato. 

-La primera parte de tu libro parece una reconstrucción. ¿Estás de acuerdo con esa idea? 

-Estos textos pueden compartir un espíritu con una generación que vivió hechos políticos y culturales en un mismo momento histórico. Esto atraviesa no solo la primera parte, en Córdoba, sino también la segunda, en Miami y la tercera, en Barcelona. El destino de estos personajes está marcado por una época que condiciona y a la vez contextualiza sus acciones. En la primera parte es una experiencia de desarraigo y de silencio. Primero una ida y vuelta de Alemania en el año 1973. Después la dictadura del Proceso como chaleco de fuerza de una adolescencia reprimida. En la sección Miami aparece la caída de las torres en el 2001 como inflexión para una sociedad fracturada. En Barcelona es la crisis moral de Europa la que reside en los personajes. 

-Un punto en común entre los relatos es la resolución final: algo que cambia el sentido de lo que uno estuvo leyendo hasta ese momento. ¿Cómo trabajás esos finales? 

-Esas situaciones de alguna manera se desbarrancan solas a través de una sorpresa compartida por el personaje, el narrador, el escritor y el lector. El hecho de que no lo esperábamos a ese final tiene que ver con la vida misma. De la perfección del relato narrativo habla Horacio Quiroga en su decálogo sobre el cuentista. Borges es un cultor matemático del remate sorprendente. Cortázar rompe estructuras narrativas con un espíritu abierto, lúdico y revolucionario. Me parece que en cuanto más se cultiva y se respeta la estructura y se produce la sorpresa, más oportunidades nos da el relato. La experiencia narrativa cobra vida, color y se emparenta con la experiencia más íntima del lector.

-Se habla mucho de un cambio para mejor en la Argentina y en la imagen que los argentinos tienen de sí mismos. El título de tu libro habla de la imagen de los argentinos afuera… ¿Esa imagen no cambió? 

-Es cierto que los argentinos en España muchas veces son vistos como manipuladores, como gente que trae la negociación a su campo y que a través de un espléndido empleo del lenguaje hace que el otro quede inmovilizado y fascinado. Los argentinos son considerados grandes negociadores, grandes vendedores con los que es difícil competir o ganar la partida. Cuando vengo de Europa encuentro en Argentina un desorden, una tendencia al caos y una vida auténtica que es muy necesaria. Eso es lo que ha cambiado en mí de la percepción de Argentina. Acepto más ese caos creativo y en permanente debate sobre sí mismo como una forma de ser que como una condena. Más allá de este hecho, el título ha permitido abrir el juego sobre la cuestión de la identidad, el prejuicio, la vivencia de ser argentino, la oportunidad de ser diferente, el exilio y muchísimos aspectos que el libro sostiene y proyecta. Compartir o no la expresión es un juego más que plantea el texto. 

-Escribiste: “Transcurrirán los días hasta que algo me diga qué tengo que hacer con mi derrota”. ¿Te considerás un pesimista? 

-Más que pesimismo, de esta afirmación deriva la noción de que existe la necesidad de detenerse, de reflexionar, de mirar para adentro, de no precipitarse de nuevo en un proyecto individual y colectivo que se desbarranque en el fracaso. Vivo en un país, España, con casi un 30 % de desempleo. Hay más represión y control: en las protestas los policías llevan cámaras en los cascos para identificar a sospechosos de disturbios, han entrado en bares, sitios privados, con bastones. Una buena metáfora: En el vuelo que vine había mucho más espacio de primera clase y se ha achicado el espacio de las butacas para la clase turista. A cada pasajero de clase turista se lo coloca en un espacio de 30 cm. Una pantallita delante permita que el pasajero elija entre opciones de un menú así se distrae de su triste condición de anchoa en lata. Las personas son atrapadas por su condición de consumidores , son reprimidas y cercadas en su proyecto de vida. Estamos a merced de unos contadores sin escrúpulos que solo cierran su balance si nos acomodamos al poder del dinero y de los que lo controlan. Creo que hemos construido, no solo en el sistema financiero, sino en la vida misma, una pirámide sin base. 

-¿Cómo sería el lector ideal de tus relatos? 

-Tengo una serie de lectores a quienes envío mis textos apenas los produzco, tengo lectoras a quienes siempre intentaré seducir, tengo lectores anónimos que despiertan mi curiosidad acerca de su emoción. Esta vez encontré cuatro lectores que se dejaron llevar por la emoción, los editores de Cal.ligraf, la pequeña editorial de Figueres. Merce Ribas, que es una gran escultora propietaria de la editorial me dijo : “es un libro que me cambió algo, creo que por eso decidimos publicarlo, porque emociona y cambia algo en el lector”. Ahí está el lector ideal, ayudándome no solo a entender el texto, sino a reescribirlo desde esa conexión cada vez que lo comparto con alguien nuevo. Pero también tengo que decir que si la conexión no pasa, igual que con el erotismo, puede significar abismo y desazón, lo cual también sucede a menudo. 

-¿Dónde viviría ese lector ideal? 

-El otro día un amigo de Perpignan en Francia me decía que el libro le había permitido aprender sobre la historia reciente argentina. Creo que el lector puede estar en cualquier lado. Sea que se relacione porque tuvo una experiencia similar a los personajes o porque le resulta tan curiosa por lo diferente, el lector ideal es cualquiera y reside en cualquier sitio. 

Ficha autor

Ariel Halac nació en Córdoba, en 1966. Es editor y comunicador social. Es autor de Asalto en Calle 10 (Alción) y de Clase 66, ambos libros ilustrados por Marcos Tatián. 

Ficha del libro

No había que hacer negocios con argentinos

Por Ariel Halac

Edicions Cal·lígraf, Figueres, España, 2013. 

El libro será presentado mañana a las 20 en la Casona Dadá San Vicente (Juan Rodríguez 1447). Hablarán sobre la obra el autor, el editor Jaume Torres y los escritores María Teresa Andruetto y Gastón Sironi. 


Mar 27

Recuerdos del futuro juntos

Sería ideal contar con un R2 con voz en off, que de jueves a domingo llueva con sol, que un gato negro se te cruce en el camino con insistencia, que desde la ventanilla de R2 puedas ver una ciudad que sea como uno de los polos de la existencia. Por unos días vivir en una ciudad en la que pasen a Chris Marker en los cines: a esta ciudad le falta el rojo que está en el fondo del aire y de todas las cosas en las que pensó Christian François Bouche-Villeneuve durante su enigmática biografía. 

De jueves a domingo en el Cineclub Municipal habrá un ciclo en recuerdo de Chris Marker, una sucesión de películas secretas e imprescindibles, que hablan del mundo, del arte, de la revolución, de la memoria, de las cosas que te pasan por la cabeza cuando vas en el R2 y tenés la sensación de que la humanidad perdió una batalla pero no la guerra. 

Lo que más se sabe de Chris Marker es un pequeño ABC de curiosidades: que no se dejaba tomar fotografías, que dio muy pocas entrevistas, que enviaba fotos de su gato cuando la prensa le pedía un retrato. Que entendió al montaje como militancia y al viaje como modo de filmar, que al comenzar a ver cualquiera de sus películas no sabés a dónde te va a llevar en la próxima imagen ni qué extraños conceptos asociará para demostrarte que las cosas están unidas por hilos misteriosos y que la memoria es un acto de resistencia. 

La memoria fue su tema, su obsesión, como si detrás de cada una de sus películas estuviera la certeza de que no se puede abrir una brecha en el futuro sin el filo de la memoria. Sin el filo esquivo, confuso, manipulable de la memoria: en muchos casos da la impresión de que ante la batalla perdida de la izquierda en el mundo durante la segunda mitad del siglo 20, Chris Marker haya vuelto a las zonas de combate para recuperar algo que las derechas occidentales se habían quedado como botín de guerra: una memoria de los ideales revolucionarios, de la disidencia política ante un mundo que terminaría inevitablemente como un rebaño a las órdenes de perros liberales. 

¿Qué hacer para no olvidar? En la filmografía de Marker esta pregunta es el motor de la espiral vertiginosa de su escritura: en esa forma dinámica de volver a pasar por determinados lugares se conjugan sus obsesiones: la memoria y la palabra. Al segundo de los temas lo resuelve con una maestría contundente, un dominio único de la escritura. La voz en off parece un soporte insuficiente para ese genio desbordante y al mismo tiempo moderado, muchas veces las imágenes parecen venir al rescate de la voz, para ayudar a sostener la densidad y la emoción de las palabras. Más que revolucionar al cine, Marker no se rindió en el sueño de revolucionar al mundo a través del arte. Muchas veces, explicando por qué no se pudo revolucionar al mundo a través de una concepción deshumanizada de la política. 

La poesía y la amistad, la necesidad de ciertos homenajes (porque un homenaje es una forma de memoria, claro) y el trasfondo de la guerra terminan de armar el paisaje Marker, un lugar que está hecho de recuerdos y parece venir del futuro, un lugar en el que se abre una grieta para que sea posible imaginar una transformación no programática, una melancólica confianza en la libertad. 

Sería ideal que nos encontremos ahí, de jueves a domingo en el Cineclub. Caminar con la ligereza de los gatos y hablar de las cosas que salieron mal pero nos hicieron bien, y de la próxima vez que vamos a intentar cambiar el mundo. Y de Chris Marker, 91 años, que en rebelión descanse el más joven de todos nosotros. 

Publicado en La Voz del Interior el miércoles 27 de marzo de 2013. 

In Memoriam. Chris Marker

En el Cineclub Municipal (Bv. San Juan 49) 

Jueves 28. 

15.30. La Jetée (1962); Recuerdos del porvenir (2001). 

18. Sin Sol (1982). 

20.30. El último bolchevique (1993). 

23. La sexta cara del pentágono (1968); La embajada (1973); Casco azul (1995). 

Sábado 30 

15.30. Gatos encaramados (2004); Teoría de conjuntos (1990); Slon Tango (1990);  Tres videos haikus (1993); E-clip-se (1999).  

18. Level five (1997). 

20.30. A.K. (1985); Las estatuas también mueren (1953). 

23. La Jetée (1962); Recuerdos del porvenir (2001). 

Domingo 31

15.30. Sin Sol (1982)

20.30. La sexta cara del pentágono (1968); La embajada (1973); Casco azul (1995).

18. Un día en la vida de Andre Arsénevich (1999). 

23. Gatos encaramados (2004); Teoría de conjuntos (1990); Slon Tango (1990);  Tres videos haikus (1993); E-clip-se (1999).  


Una obsesión con lo real

Una obsesión con lo real 

Ivana Galdeano es guionista de cine y televisión: estuvo detrás de La Purga y fue premiada por “La Cuesta del Viento”. Dictará un taller en el Mumu, mientras proyecta un ciclo de cine sobre una obsesión suya: el realismo mágica. 

Junto a Luciano Giletta, Ivana Galdeano programa uno de los ciclos de cine más raros de la ciudad. No se sale de esas películas del mismo en el que se entró a ella. Sin embargo, el nombre del ciclo remite a algo conocido por los latinoamericanos, el Realismo Mágico, una invención autóctona que en literatura marcó una época y que ahora, en el cine, parece adoptar otras formas inesperadas. “Tengo un viaje personal con el realismo mágico”, cuenta Galdeano. La Cuesta del Viento, su guión becado por Fundación Carolina, “se inscribe en este sentir”.  Mientras su ciclo en Garabombo convoca a los curiosos, Ivana se prepara para dictar en el Museo de las Mujeres un taller de guión, que comenzará el 3 de abril.

-¿Qué tiene del Realismo mágico literario el Realismo mágico cinematográfico? 

-Las películas que en mi parecer están más cerca del realismo mágico son las que no tienen una referencia literaria. Todos los intentos de adaptación que conozco fracasan. Son en películas de  guiones originales donde encuentro lo que me interesa.  Y digo lo que a mí me interesa, porque es imposible encontrar definiciones cerradas del Realismo Mágico ya que no tiene fórmulas precisas sobre el tratamiento de sus personajes, sus límites son difusos, abiertos, inasequibles, contradictorios y controversiales. Siempre controversiales. Eso que busco tiene que ver con la coexistencia natural de diferentes cosmologías. Lo establecido (lo “real”) y lo maravilloso en un tratamiento igualitario. La ruptura del tiempo lineal. La acumulación y la exageración. La marginalidad. La Muerte ¿Separando materia y espíritu o haciendo consiente su unidad? El milagro como quiebre rotundo del paradigma “real”. La subjetividad, la sensibilidad, el deseo del individuo con igual corporeidad material que el mundo externo. La indagación en el mito, las leyendas, las creencias dispersas y desorganizadas. Lo salvaje, lo instintivo como estado de exaltación del espíritu.

-El Realismo mágico en literatura ya parece un género pasado de moda… ¿qué sucede con  este género en el cine? 

-Las modas son una mueca, una réplica de las formas sin el fondo. Si el Realismo Mágico ha pasado de moda en la literatura ¡En buena hora!  Quizás entonces se empiecen a citar otros nombres, más allá de García Marquez (con todo el respeto que se merece). Estoy convencida de que en el cine no fue ni será nunca una moda,  por los riesgos enormes de fracaso que una obra de esas características significan para la “industria”, aunque La Teta Asustada o Luz Silenciosa, dos obras latinoamericanas recientes y reconocidas, formen parte de nuestro ciclo.  Ahora bien, que no esté de moda no significa que se deje  de manifestar en la Literatura, en el Cine, en la Pintura, en el Arte. Porque el Realismo Mágico, existía antes de que se lo nombrara. 

-También se usa, para definir a las películas que van a proyectar, un concepto como “ficciones de lo real”… ¿por qué prefirireron usar “realismo mágico”? 

-Porque ficciones de lo real es una manera de descrédito a lo que no se enmarca dentro de los parámetros establecidos como real. Quizás la manera más justa de referirse al “genero” sería con su primer nombre, el que le dio Alejo Carpentier al llamarlo “Lo Real Maravilloso”. En su texto Lo Real Maravilloso Americano Carpentier dice: “Pero es que muchos se olvidan, con disfrazarse de magos a poco costo, que lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro) de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado limite”. Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe”.

-¿Cómo eligieron las películas? ¿Cuál les quedó afuera? 

-Muchas nos quedaron afuera! Kusturica todo nos quedo afuera, Leonardo Favio, Tim Burton, incluso Tarkovsky nos quedó afuera. Tratamos de programar de manera pendular, ida y vuelta desde el centro de las definiciones hacia sus límites. Trascendiendo nacionalidades y géneros. Permitiendo que lo controversial sea parte del ciclo, porque es esencial al Realismo Mágico. Programamos como programan dos realizadores, más interesados en la experiencia y el aprendizaje del intercambio que de los rótulos y las certezas.

-La próxima función es una película de Carlos Reygadas. ¿Por qué hay que ir a verla? 

-Porque es una obra maestra. Porque nos acompañarán Camila Sosa Villada y Ramiro Sonzini.  Porque es una joya latinoamericana. En la última charla Sergio Schmucler dijo que Reygadas es quizás el único que fue capaz de interpretar a Juan Rulfo (Aunque Sergio no crea que ninguno de los dos se inscribe en el “género”). Me quedé pensando en el parentesco de los personajes de Rulfo y de Reygadas. Es una idea controversial, movilizadora, es decir, es un concepto creativo. Eso pasa en nuestro ciclo.

-Dentro de un mes van a proyectar una de Apichatpong Weerasethakul… ¿qué conviene ver antes para disfrutar más de ese filme? 

—No hace falta ver nada antes. La película es para disfrutarla descaradamente, sin referencias previas. Todo está ahí.

Publicado en La Voz del Interior el jueves 21 de marzo de 2013. 


Mar 18

Sonriente sobre las ruinas

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La española Miriam Reyes llega a Córdoba para presentar su antología, editada por el sello del Festival Internacional de Poesía. 

 “Siempre adentro. No me gusta observar desde fuera. Escarbo en lo oscuro”. Las primeras líneas de la poética que inaugura Yo, interior, cuerpo, definen el modo en el que la poeta Miriam Reyes trabaja. El libro, el primero que edita el sello editorial del Festival Internacional de poesía, es una antología de la producción de Reyes y será presentado mañana martes a las 19.30 en el CCEC (Entre Ríos 40), a pocas horas de que Miriam arribe a la capital cordobesa. 

En la poesía de Miriam hay una cierta oscuridad irresistible, un desfile de miserias devenidas en certezas, y por esa certidumbre transformadas a su vez en una particular fortaleza. Uno tiene la sensación de estar frente a una fragilidad implacable, una hoja de papel capaz de cortarte al medio. 

-¿Qué es lo más feliz y qué es lo más desesperado que has encontrado “escarbando” mientras escribes? 

-Lo más feliz fue sentir que me reconciliaba con mi padre al escribir el poema “Mi padre enfermo de sueños”, sentir que lo entendía, que el rencor y la rabia habían cedido su lugar a la compasión. (Aunque después me di cuenta de que no era una reconciliación real, que eso que sentí fue solo un espejismo). En la lista de lo más desesperado hay muchos números 1: los miedos, las flaquezas, los defectos, el autoengaño, el patetismo, son cosas que nadie quiere ver en sí mismo. O los fantasmas,¡quién quiere vivir con fantasmas! Pero cuando escarbas sale todo y cuando pones eso en palabras, ya no puedes ignorarlo o negarlo. Cosas del Verbo, tiene tendencia a volverse carne. 

-Te propongo un ejercicio: elegir 10 palabras que describan a España. 

-Supongo a que te refieres a España hoy y no a España como abstracción temporal. España hoy está en crisis, se le exige austeridad a cambio de incertidumbre. España hoy está indignada con sus gobernantes, deprimida por sus parados y sus desahuciados. Pero aún así se manifiesta, pacífica, por un cambio de paradigma, y continua siendo un hermoso país donde vivir, habitado por mucha gente buena y una poca mala que tiene a España maltratada.

-Dices que puedes caminar sonriente sobre la desolación… ¿cómo es eso? 

Hay un poema que no está en la antología, posterior al que citas en tu pregunta, que dice: “El cielo azul enmarcado por los huecos que abrieron las bombas / las hierbas cubriendo los arcos derruidos/ el sendero de escombros y piedras.//Camino reconociendo todas las señales/ de la vida que queda y de lo muerto./ Por dentro yo/ soy como estas ruinas”. Si caminas sobre los escombros fijando la vista en la vida que persevera, entonces puedes sonreír. 

-Cuando te leo siento rabia. No hacia ti, claro. Pero tampoco puedo decir hacia quién la siento. ¿Qué me dirías al respecto? 

-Seguro que no te pasa con todos mis poemas (risa). Debo admitir que buena parte de Espejo negro, al haber sido escrita cuando tenía apenas 19 años, está cargada de esa rabia adolescente que nos mueve en la juventud. También algunos poemas de Bella durmiente son rabiosos, y allí ya no es una cuestión de edad sino del tipo de herida. Hay heridas infectadas con rabia, otras, con profunda tristeza. Con los años, he dejado atrás esa rabia, y se siente como una liberación. Eso no quiere decir que pueda volver.  Pero creo también que, en otros casos, puede que la rabia que te provoca al leerla se deba a que apunta a injusticias y la injustica, despierta rabia.

-¿Para qué (te) sirve la poesía? 

-Para empezar se puede decir que no sirve para nada, pues no está al servicio de nada ni de nadie. Pero como intuyo que no me estás hablando de servicio-servidumbre ni de utilidad-utilitaria, me atrevo a decir que me sirve para muchas cosas, todas relacionadas entre sí: para ver, para entender, para indagar, para vivir, para estar menos sola… no estoy segura de que me sirva para curar de forma permanente, ni de que me haga mejor persona. 

-Tienes algo con tu vientre. Aparece en varios de tus poemas. ¿Es una obsesión? ¿Qué dice de ti, tu vientre? 

-¡Claro que tengo algo con mi vientre! El vientre (en la mujer, o en la hembra, en el caso de los animales) es la más maravillosa cavidad que existe. Como digo en un poema: mi vientre es mi mundo interior/ el espacio vacío de todo lo que fui dejando por el camino / el mejor lugar donde buscarme.

-Escribes: “La actividad mental que se genera en mi cerebro cuando escribo, me hace feliz. Es una sensación momentánea, un momento de vida”. ¿Qué otros momentos de vida son felices? 

-Por ejemplo, hace poco, llevaba días sin salir de casa, y más todavía sin abrir las ventanas cuando, una mañana, de repente, las abro y comienzan a entrar en mi casa los ruidos de la calle despertando, igual que yo. Entonces me sorprendo por la vida de la que me hablan esos sonidos y me quedo un buen rato escuchando su historia sin asomarme, mientras hago inventario en mi libreta, como quien detalla un descubrimiento. 

También me siento feliz al quedarme dormida en los brazos de quien amo. 

-¿A quién le escribes cuando escribes? 

-A mí misma. A veces escribo a partir de un tú concreto y eso puede verse claramente en muchos poemas, pero no estoy segura de que escriba para ese tú. Creo que es más bien como si necesitase dirigirme a ese tú para poder traducir en palabras eso que estoy viendo.

Publicado en La Voz del Interior el lunes 18 de marzo de 2013. 


La noche los ilumina

El Festival Internacional de Poesía tendrá su pata nocturna en dos veladas que prometen descontracturar el género. 

No sólo de días de poesía vivirá el festival Internacional que comienza el miércoles: la noche tendrá su protagonismo en el ciclo de “Lecturas de trasnoche”, dos encuentros a la luz de la luna que prometen poner en foco a “poetas demenciales, eróticos y con tierra en las uñas, poesía animal y salvaje, músicos solistas y bandas, videos experimentales”. Así dice la invitación de Diego Monsalvo, coordinador del ciclo. 

Lo cierto es que el jueves 21 y el viernes 22, desde las 23, la Casona DADA San Vicente (Juan Rodríguez 1463) será escenario de lecturas estrelladas. VOS fue a por algunos de los poetas que participarán para indagarlos acerca de la noche y la poesía, dos mundos amigos que probablemente se hayan inventado mutuamente. 

Los poetas consultados fueron los cordobeses Guillermo Bawden, Enrique Arnoletto y Paulina Cruzeño, el uruguayo Maca (Gustavo Wojciechowski) y la rosarina Amanda Poliester. Vamos a ver cómo es el reino de la noche para ellos. 

Escribir de noche

-¿Qué porcentaje de tu poesía ha sido escrito de noche? 

(Arnoletto): -Mi vínculo con la noche es fuerte hasta donde tengo memoria. Desde muy chico quedaba leyendo hasta tarde, dos o tres de la mañana. O bien, si me hacían apagar la luz alguna que otra vez, construía mentalmente una novela eterna sobre episodios de la vida de una especie de brujo o consejero de una tribu aborigen bosquimana, boreal; luego algunas brujas que han aparecido en mi vida me han dicho que en vidas anteriores yo habría sido, efectivamente, ese brujo. 

(Bawden): -La génesis de mi poesía es la noche, la noche y la ciudad. Las correcciones son potestad del día. 

(Cruzeño): −No escribo de noche, prefiero usar su material al otro día.

(Maca): -Muy poco, casi nada… tal vez al principio.

(Poliester): -No podría saberlo. Los malpuemas nacen en cualquier momento, no sé si de día o de noche. Mi vida de noche es breve, en general escribo cuando puedo, y reservo la noche para actividades menos solitarias. Si estoy despierta hasta altas horas es porque estoy tomando martinis y haciendo alguna otra cosa, pero no escribiendo. Pero para no dejar la pregunta sin responder, sin temor a equivocarme puedo decir que un 21,345% de mis malpuemas fueron escritos a la nochecita.

-¿Qué es lo más poético de la noche?

(Arnoletto): -Lo más poético de la noche es la desaparición de la gravedad. Después de varias horas de escribir, te das cuenta que la mesa, la silla, tu cuerpo, han estado girando lentamente en una especie de órbita supradimensional, sin demasiado rumbo fijo; has visitado otros lugares, o has permanecido en contacto amoroso o doloroso con una especie de nube ingrávida. Y que allí es donde ha ocurrido la poesía. Si luego de esto mirás lo que quedó en el papel, duele: Es apenas una sombra lejana de aquello tan innombrable, tan precioso.

(Bawden): -La oscuridad, que no es obvia, que posee secretos, que puede engañar al ojo. Y las carreteras que se abren en la noche.

(Cruzeño): −Creo que la poesía tiene un halo nocturno, de intimidad, cercanía.

(Maca): -Las sábanas, dependiendo de sus usos… un consuelo que dura lo que un abrazo o una buena puteada.

(Poliester): -El olor a salsa que viene de la cocina, el Martini mientras preparo la cena, poner Kiko Veneno o Chet, cenar con él, bailar con él. No con Kiko y menos con Chet, entiéndase.

-¿Qué noches recordás cuando te invitan a una trasnoche de poesía? 

(Arnoletto): -Las noches de la Villa Giardino de finales de los sesenta. Ese arroyo del que va a hablar Diego (Monsalvo) en el Festival está en Villa Giardino. Se llama arroyo La Higuerita. Cuando vi los cristales los turistas aún no se habían comido el aire de aquel lugar. Todo estaba como en el principio del mundo, fundamentalmente porque yo soy un niño y porque algunos niños somos capaces de hacer que la Madre nos muestre su pecho intacto. Es como un pacto. 

(Bawden): -Esos caminos que se pueden abrir, algún tintineo de vidrios y roces. La posibilidad de desarreglar los sentidos en definitiva.

(Cruzeño): −Las trasnoches de lectura me recuerdan a esas donde sabes que algo intenso va a pasar y querés estar cuando suceda. Lo cercano de la poesía coincide con lo abierto de la noche y la gente a la escucha del ritual de las palabras.

(Maca): -Cabalga la madrugada por el lomo del sueño / por la loma de la madrugada descansa el sueño.

(Poliester): -En realidad esta vez es la segunda, y no recuerdo qué recordé la primera. Supongo que recordaba que tenía que llevar la mochila de mi hija a lo de su abuela, o que tengo que dejar de fumar. Cosas así. Poco líricas. Ahora recuerdo que puedo leer lo que se me ocurra, sin sentirme demasiado condicionada por cómo puede caer. En general en las lecturas de trasnoche a nadie le importa lo que se está leyendo, eso si es que se escucha, entre el ruido de copas y chicas que van al baño.

Lecturas de trasnoche

A las 23 en Casona Dadá San Vicente (Juan Rodríguez 1463).

Jueves 21

Martín Araujo (Bs. As) 

Guillermo Bawden (Cba)

Carina Sedevich (Villa María) 

Enrique Arnoletto (Cba) 

Maca (Uruguay) 

Miriam Reyes (España) 

Música de Fly Fly Caroline y Benigno Lunar 

Viernes 22

Amanda Poliester (Rosario)

Damián Ríos (Bs As) 

Luciana Bedini (Cba) 

Paulina Cruzeño (Cba) 

Pablo Katchadjian (Bs As) 

Marisa Negri (Bs As) 

Música de Andrea Molas, Martín Cuesta y Ayelén Rojo. 

(Publicado en La Voz del Interior el domingo 17 de marzo de 2013). 


Mar 17

A esta ciudad le falta un nosotros

Cecilia de Lucio y Vanina Zuitton escribieron juntas La culpa es de Cristina, un libro de poesía amorosa y política editado por Antiplan. 

“Dame un subsidio/ o me suicidio” (sic) dice el primer verso de La culpa es de Cristina y la lectura se vuelve inmediatamente un acto de investigación: ¿esto va en serio? ¿Qué demonios es esto? Una página antes hay una especie de subtítulo: “Tú nos das a Amado/ Las ilusas”. No aclara nada. Más adelante el libro se transforma en un poemario de amor y desamor, atravesado por destellos de reflexión latinoamericanista y esperanza política. Por momentos estás frente a un desgarro, por momentos, frente a un manifiesto. Las autoras son Cecilia Inés de Lucio y Vanina Zuitton, dos arrojadas que se animaron en pleno baile a darle el libro a La Mona Jiménez. El cuartetero paró todo y leyó algunos poemas. 

-¿Por qué decidieron publicar “de a dos”?

-Publicar el libro “de a dos” surge de un proyecto colectivo más amplio del que formamos parte hace unos 9 años: Las Ilusas. Mixtura, de poesía y música, de escenas y experiencias, de viajes y pérdidas, de lo que cada una trae. De esta combinación, surgen producciones que en su mayoría rebotan entre el arte y el absurdo, vinculándolos. Entre otros, creaciones audiovisuales y una publicación independiente y artesanal llamada Sin remo. En La culpa es de Cristina escribimos Cecilia y Vanina, y nos completa Poli Piazza acompañando con su canto las presentaciones del caso. Así, del minibus de Las Ilusas (somos más que dos, pero menos de cuatro), nace este desafío a dos voces, que buscan, dialogan, se interrogan y abren el juego.

-¿Cuál es la historia del título “La culpa es de Cristina”?

-Creemos que un libro es en parte una fotografía de un periodo personal y también histórico y colectivo de quien lo escribió. Pensábamos en qué título marcaría esa foto dentro de 10 años, volviéndose un reflejo de lo que fuimos. Hoy, como sociedad, creemos que somos La culpa es de Cristina. Porque a alguien hay que echarle la culpa. Y en estos tiempos, parece que jugar a eso está de moda. El título fue una piedra arrojada, una pregunta y hasta una provocación. Porque realmente  las Ilusas no creemos en la culpa, sino en la responsabilidad colectiva.

-¿Qué dirían que tiene de cordobés este libro?

-Lo más cordobés del libro somos nosotras. Se lo dimos a la Mona Jiménez y frenó el baile unos minutos para leer poesía arriba del escenario. Fueron prácticamente los momentos más intensos de nuestra odisea en el mundo de las palabras, se nos salía el corazón. Lo que realmente nos interesa es que la poesía camine la calle de nuestra ciudad, que se visibilice, que interrumpa, que salga de esa solemnidad aparente en donde algunos la pusieron.   

-¿Puede la poesía cambiar el país?

-No escribiríamos poesía si no creyéramos en el potencial transformador de la palabra. La militancia en la palabra, nos abrió la posibilidad por ejemplo, de dar un taller de lectura y escritura creativa para niños en el marco del comedor comunitario Ernestito, en Barrio Renacimiento. Y si bien somos conscientes de que la poesía tal vez no sea suficiente, es la posibilidad de mirarnos desde otro ángulo.

-¿Quiénes son los destinatarios de estos poemas?

-Los destinatarios son múltiples. Hay poemas escritos a nuestros padres, abuelos, amores, a ciudades que nos despidieron, al Cordobazo, a Latinoamérica. El libro es una especie de rompecabezas desquiciado, cuyo hilo se sostiene con preguntas. Creemos que hay preguntas que rompen.  Y las buscamos. 

-Escriben: “A esta ciudad le falta un nosotros”. ¿Por qué?

-La contratapa del libro dice “A este país le faltaba un nosotros”. Y decimos que le faltaba porque creemos que en esta coyuntura sociopolítica lo encontramos. Respecto a la ciudad, los invitamos a que saquen sus propias conclusiones. 

-¿Qué le dirían a la presidenta si la tuvieran frente a ustedes?

-Le diríamos que también es la culpable de que hoy Las Ilusas creamos en lo que hacemos. Y que eso implica estar convencidas de que siempre podemos ir por más. Y después probablemente nos reiríamos sin saber que más decirle, de tanta emoción, ya que no tenemos el más mínimo manejo de esas situaciones. 

-Si digo que “La culpa es de Cristina” es un libro de amor… ¿estarían de acuerdo? ¿Por qué?

-Es un libro de amor, pero que se atreve a ir un poco más allá del amor romántico. Es un libro de pertenencia, identidad, geografía, que son otras formas de amor. 

-“Vamos a ir nada menos que hasta el fondo”. ¿Hasta el fondo de qué?

-Desde que asumimos un compromiso, con la palabra, la poesía, la militancia del arte en el hoy y ahora que nos toca vivir, no tenemos más opción que ir, nada menos, que hasta el fondo.

- ¿Cómo les gustaría despedirse de esta entrevista?

-Agradeciendo enormemente a las personas que nos acompañaron y nos acompañan en este camino de hormiguita que es escribir poesía. A los que nos abrieron las puertas para presentar nuestro libro en los Debates federales de cultura, en la Feria del libro, en el Museo de las mujeres, en centros de jubilados, bibliotecas populares y tantos otros lugares que nos recibieron cálidamente. A los amigos de otras ciudades y países que recibieron nuestro libro y lo hicieron caminar. A nuestro editor Iván Ferreyra y su excelente equipo de trabajo de editorial Antiplan. A nuestra familia y amigos, siempre presentes y a nuestros amores –a veces ausentes- Los que fueron y también los que vendrán, así nos dan tinta para seguir escribiendo.-

Cecilia Inés de Lucio y Vanina Zuitton son escritoras crdobesas, junto a la cantante y artista Poli Piazza forman parte del colectivo Las Ilusas y han publicado juntas los libros Sin remo (edición de autor, 2005) y La culpa es de Cristina (Antiplan, 2012). Dictan un taller para incentivar a la lectura y a la creación infantil en Barrio Renacimiento, Córdoba. 

Publicado el jueves 14 de marzo de 2013 en La Voz del Interior (revista Ciudad X). 


Mar 9

Soñador incansable

CJ Carballo volvió esta semana a “Cualquiera”, un programa de culto que hace 13 años que difunde la producción cultural cordobesa. 

Hay una fuerza extraña detrás de CJ Carballo: un impulso vital que él ha decidido traducir en un lenguaje intenso y cargado de adjetivos modernos. Sus programas de radio vienen acompañando el tranquilo oleaje de una vanguardia cordobesa que amenaza convertirse en tormenta pero por ahora es un chaparrón aislado. Un chaparrón que, gracias al trabajo hormiga de hombres como CJ, suena bien. Hace 13 años que CJ está detrás de Cualquiera, un programa mito del campo cultural cordobés pionero en darle audio a las artes visuales, por ejemplo, y remador de bronce para las literaturas locales. Esta semana volvió a Radio Sucesos para encarar la temporada 2013. 

-¿Qué otros nombres podría tener tu programa en Radio Sucesos “Cualquiera”? 

-De verdad, Cualquiera no podría tener otro nombre. Así como Seinfeld es un programa sobre nada, Cualquiera es un programa sobre cualquiera y cualquiera lo puede hacer. Quería tener un programa que se llamara El país de los hoteles (91.7 Apolo FM) y lo tengo finalmente. Y me gustaría tener uno en la mañana bien temprano, que se llamara “No desayunes sola”. Espero se dé.

-¿Cuáles son las 10 palabras que pueden faltar en Cualquiera? 

-Siempre van a faltar : citado nosocomio, mesa de trabajo , que linnnnnnndo blanquitaaaaa, desidia, envidia, no puedo, no quiero , injusticia, lavandina y otra palabra que no se por qué detesto con ternura: postoperatorio. Sin esas palabras vivo feliz creyendo en la riqueza de nuestro lenguaje

-¿Cuál es el máximo sueño de CJ? 

-Sueños máximos : dos recurrentes y uno nuevo. Sueño con ser el primer hombre que dé un beso en Marte. Hacer el gol del campeonato del pirata, y el nuevo es que caiga un meteorito en Piquillin y que a partir de eso todos los que escuchen Cualquiera obtengan un antídoto súper eficaz contra los males de este mundo.

¿Cuál es la principal diferencia entre CJ Carballo y Carlitos Julio Carballo? 

-CJ es el pibe de la radio que habla súper rápido, pura adrenalina, el que coloca alguna que otra pregunta certera y acomoda de vez en cuando, una arriba de otra, una lista de canciones imbatibles . CJ es un pibe que no para de soñar. Carlitos Julio es el que camina a 20 centímetros del suelo por Cofico, el que le compra las revis al pibe Omar, bromea con el Nelson de Pizza Italia, abraza una y otra vez al Ale Cozza en el videoclub. Carlitos Julio conoce Cofico como nadie porque fue niño en ese barrio. Carlitos Julio se sienta en las noches en la esquina de Urquiza y Gral. Bustos y le pregunta a Jhonder el rey y al gordo Seba si no piensan volver algún día. Carlitos Julio es un pibe que no para de soñar. Pero ambos quieren ser siempre niños, poesía, vanguardia, riesgo e intuición.  

-¿Qué música jamás pasa por “Cualquiera”? 

-La música que no te hace bailar, soñar. La música que no te hace mejor persona, sea el metal más extremo o el indie más low fi que exista. La música que divide nunca pasará por Cualquiera y siempre habrá un middle finger bien erecto para todos aquellos que quisieron matar al duende del rock.

-Radio Sucesos parece haber haber encontrado un lugar en ese no lugar entre lo popular del fútbol y lo cool de la música que programan… ¿cómo te llevás con eso? 

-El rock y el fútbol es una alianza imbatible en todas partes del mundo, un grande como don Víctor Brizuela se dio cuenta de eso y de una u otra forma me llamó como instrumento para llevar adelante esa misión. No hay nada mas lindo que la gente en la calle te diga: “medio que no te entiendo, pero me hacés reír y la música esta buenísima”. Yo creo que Dolores Cáceres y Oasis y Paz Chasseing y Massacre pueden convivir naturalmente. Tengo las manos de Olave para hacer que eso pase. Si te fijás, la radio donde el rock vive o al menos alquila un monoambiente ahora transmite fútbol, así que don Víctor otra vez vio venir el gol.

-¿Qué es lo que más extrañaste de “Cualquiera” durante las vacaciones? 

-Las canciones, las palabras más o menos eficaces, el “bienvenidos a este carnaval de mentiras .. cabaret ..”, y también como dice el final del programa, “el tiempo que falta para vernos de nuevo”.

-¿Cuál es el mejor lugar para escuchar “Cualquiera”? 

-Un puente que acabas de cruzar y que por supuesto está en llamas, un precipicio a punto de saltar, cualquier calle de Córdoba recorrida en un taxi de juguete escupiendo maldiciones, una botella de Absolut donde quepan todos tus amigos. Cualquier callejón que te encuentre de la mano con la chica del milenio .

-¿Qué se trae el programa para este año? 

-Un equipo cuya formación esta afianzadísima y cuya fiebre revienta los termómetros . Majo Arrigoni en la producción los equaliza y los pibes son pura furia ciega. Hace 13 años que hablamos de cultura, cuando eso no garpaba ni ahí en radio, y vamos con el deseo insaciable de poner a la luz todo lo que se está haciendo en la escena cordobesa . ¡Ah! Y yo voy a seguir poniendo Sondre Lerche y Rival Sons, les aviso .

-¿Cuáles son los libros o los discos a los que se parece Cualquiera?

-Hoy Cualquiera se parece definitivamente a Hoy el cielo esta azul y blanco con manchas azul brillante y una pálida y pequeña luna y voy a destruir nuestra relación hoy del genio de TAO LIN. Y en cuanto a discos te diría que somos la mezcla perfecta de Iceage You’re nothing y David Bowie The next day, porque sería el cóctel perfecto entre lo que viene, la incertidumbre del futuro, la caída hacia arriba. La huida hacia adelante y el clasicismo que se niega rotundamente a mirar por el espejo retrovisor y al museo de cera.

Ficha

CJ Carballo es locutor y conductor de radio. Conduce el preograma Cualquiera, de lunes a viernes de 20 a 24 por FM 104.7 Radio Sucesos (también va por AM 1350). También conduce de lunes a viernes a las 13 El país de los hoteles, por FM 91.7 Apolo. 

Publicada el jueves 7 de marzo de 2013 en Ciudad X, La Voz del Interior. 


La alegría no se fue

El 5 de marzo se cumplirán 25 años de la muerte de Alberto Olmedo. Un símbolo indiscutido del humor argentino. 

Fue el primero en romper la cuarta pared en la televisión argentina: en medio de un sketch, miraba a la cámara o al camarógrafo y decía algo como “Y… ¡si no me tienen fe!”, o hacia un gesto de complicidad picaresca que interrumpía el desarrollo del guión para establecer una ficción de comunicación directa, sin ninguna clase de mediación, entre el comediante y su audiencia. Alberto Olmedo se hizo grande en esa instancia de apariencia mínima, en los resquicios que abría una y otra vez para improvisar en el medio de un guión casi siempre rústico y grosero, o tirado de los pelos de acuerdo a una tradición impuesta por los hermanos Sofovich, una escuela según la cual toda situación humorística se definía en el momento en el que una mujer quedaba desprovista de alguna ropa o de alguna defensa contra la libido desenfrenada de los hombres en escena. 

Esa cara de picarón argentino, de filiación tierna por un pasado en la televisión infantil pero de proyección perversa por sus alcances como forma rebelde, lo canonizó entre los próceres del humor nacional, en un proceso de idolatría que tomaría forma de suceso desde 1981 con No toca botón y se exageraría a partir del 5 de marzo de 1988, con la sorpresiva muerte de Olmedo. 

¡De acaaaaaaá!

Había algo en su forma de hablarle al público que lo convirtió en un personaje adorado por las masas (en un tiempo en que “la masa” se definía todavía básicamente como una masa masculina): un metadiscurso que rompía el código televisivo imperante hasta la fecha y ponía al comediante a la misma altura que el espectador, como si la estrella “bajara” a la cocina del hombre común y le hablara en su mismo idioma. Las consecuencias de esa fijación del idioma popular como meramente chabacano son harina de otro costal: lo cierto es que una dimensión concreta del discurso popular encontró en Alberto Olmedo a un abanderado ideal, capaz de llevar ese conjunto de símbolos profanos (la adoración del culo, la puteada como catarsis, la discriminación simpática del gordo y del intelectual) a un ámbito que hasta la década de 1980 era aún considerado como espacio ejemplar de las costumbres cívicas. Olmedo distorsionó ese espacio y generó una empatía singular con su público: no es extraño que a cualquier comediante más o menos popular que haya surgido en la televisión en los últimos 25 años se lo emparente necesariamente con Alberto Olmedo: de un modo análogo a lo que hizo Buster Keaton en el cine estadounidense, Olmedo configuró la forma del gag en la televisión argentina. Cuando Francella mira a cámara y dice “es una nena”, cita a Olmedo. Cuando Capusotto hace lo propio (se sale de guión, deja de comunicarse con su interlocutor en la ficción y establece la comunicación con el público “del otro lado”), cita a Olmedo. Son dos ejemplos de cómo esa tradición (que también tiene una vertiente en el clásico “cheeeeee” de Pepito Marrone, sigue vigente. 

Otro de los méritos verificables en el mito de Olmedo es el ingreso del chiste callejero al prime time de la televisión: el modo de grosería permitida, la adulación morbosa de la belleza femenina y la consagración de la viveza criolla como modo canchero de supervivencia. En un contexto de renovación de la experiencia democrática, la recuperación de esas prácticas servía de contraste a la seriedad impuesta durante los años de la dictadura. En ese rango de operaciones, Olmedo implementó uno de los primeros sketchs de humor político de la década de 1980 con su célebre Dictador de Costa Pobre (el origen del “de acáaaaaa”). En ese segmento el personaje de Olmedo se mostraba como un dictador inescrupuloso y ostentoso, cuya ambición y grandilocuencia se daban de bruces contra la realidad de un país miserable. Algunos especialistas leen este sketch como una metáfora del plan austral de Raúl Alfonsín y la hiperinflación. 

¡Adianchi, adianchi!

Otro de sus personajes célebres fue el Manosanta, un chanta simpático y obsesionado con una joven (Adriana Brodsky), cuyo padre (Javier Portales) aunque se opone a cualquier clase de relación entre ambos, no deja de llevarla al consultorio. La repetición infinita de esta situación permitía que Olmedo desplegara su talento de improvisador: una alocada capacidad para desarmar lo previsto sin hacer nada que, con el tiempo, resultara imprevisto: el humor de Olmedo funcionaba por la repetición de los modos y de los giros, como un ritual desacralizador. Había partes que debían estar sí o sí: el ¡Adianchi, adianchi! del comienzo, la mirada a la cámara para compartir con el espectador el estupor por las voluptuosas posaderas de Brodsky, el ejercicio de descarga energética que consistía en un manoseo de todo el cuerpo de la actriz (con el consiguiente, infaltable  guiño de Olmedo a cámara y a detrás de cámara), el momento de soledad entre el Maestro y la joven y la pelea furiosa entre el padre alterado y el Manosanta excitado. Por supuesto, todo debía terminar con Olmedo mirando a cámara y diciendo el latiguillo de ley: “Y… si no me tiene fe!”. 

Es lo que hay

Rogelio Roldán y Borges y Álvarez (también con Portales) terminan de conformar los momentos cumbre del humor de Olmedo en televisión. Su fama lo llevó al cine, con resultados simpáticos pero al límite de lo vergonzoso. Sin embargo es un ídolo casi indiscutido. En una época signada por la crisis de representación en todos los ámbitos, Olmedo supo llevar algo del “hombre común” a la pantalla y ese gesto le fue agradecido, devuelto, en la forma de una pasión. Su fama de buen amigo, el buen recuerdo que había dejado en su barrio natal de Pichincha, en Rosario, y una innegable capacidad para generar alegría terminan de servir el plato: marche un ídolo popular. ¿Que se repetía? ¿Que denigraba a las mujeres? ¿Que hizo películas para los dictadores? La muerte parece haberle lavado esas manchas. Hace 25 años que Olmedo es un símbolo perfecto e indiscutible del humor nacional. 

Publicado en La Voz del Interior.


Truchos latinoamericanos

El lanzamiento de Traviesa a nivel continental tiene un condimento cordobés: el antólogo del primer e-book que lanza Traviesa es Federico Falco. El libro es Trucho, una antología de cuatro relatos en torno de un concepto elegido por el propio Falco: “el problema con lo trucho es que, en lo trucho, el bache temporal no existe. Lo trucho no acepta la nostalgia”, escribe Falco en el prólogo, una entretenida reflexión acerca de la historia y los alcances de la palabra “trucho”, del “diputrucho” menemista a la piratería digital. La antología, en venta en la tienda Amazon a cuatro dólares, incluye relatos de Diego Zuñiga (Iquique, 1987), Federico Guzmán Rubio (México, 1977), Javier González (Bogotá, 1967) y Hernán Vanoli (Buenos Aires, 1980). 

-¿Qué te entusiasmó de la propuesta de Traviesa? 

La consigna era realmente tentadora: proponer un tema que me interesara como autor y, a partir de eso, buscar cuatro relatos atravesados por ese tema, con la condición de que los autores provinieran de diferentes países. Esa mezcla de libertad y, al mismo tiempo, de restricción era todo un desafío y me entusiasmaba. Además, cuando me escribieron para invitarme, ya hacía un tiempo que venía pensando y dándole vueltas al tema de los procesos creativos a partir de la apropiación, algo que se da mucho en las artes plásticas pero es más difícil de encontrar en la literatura, así que enseguida dije que sí, pensando en que sería una buena oportunidad para investigar más en esa dirección. Después, casi enseguida, apareció la idea de lo Trucho como una idea más potente y más abarcadora que la anterior y la antología empezó a tomar forma. 

-¿Cambiaron algunas de tus ideas en torno de lo trucho al terminar esta antología? 

-Sí. Por un lado, no tenía tantas ideas sobre el tema, sino un interés recurrente. La antología fue una buena oportunidad para sentarme a pensar de manera más sistemática sobre el tema, para explorarle sus aristas. Descubrí implicancias que a primera vista no había advertido.  Ciertos prejuicios y ciertas zonas donde lo trucho, como procedimiento de creación, a todos nos pone nerviosos. Es un tema mucho más sensible y complejo, y por eso mismo, mucho más interesante,  de lo que había pensado al principio. Y, en la literatura, es un tema que tiende a aparecer más como motivo que como procedimiento. 

-El prólogo comienza como un relato… ¿tuviste como antólogo la tentación de sumar un cuento propio? 

-No, no tuve esa tentación. Para armar la antología tuve que releer cuentos de autores que admiro y que disfruto, revolver, rastrear, preguntar. Disfruté mucho de todo ese proceso de armado, de búsqueda. Tenía en claro que en un proyecto como este la expresión personal proviene más de las elecciones, de la exposición del propio gusto que de otra cosa y en ningún momento se me ocurrió incluir uno de mis cuentos. 

-Y una más, acerca del formato: ¿Cómo te llevás con el e-book? ¿Te resulta un formato de lectura estimulante?

-Me llevo muy bien con los e-book, aunque no me parecen un formato de lectura necesariamente “estimulante”. Me parece un formato de lectura práctico y una solución para los problemas de circulación y distribución de libros en Latinoamérica. Personalmente, cada vez leo más libros electrónicos y, al mismo tiempo, cada vez valoro más el libro como objeto físico, tocar el papel, subrayar, saber cuán lejos estamos del final sólo por ver el marcador asomando entre las hojas del libro. Si dispongo de las dos opciones, siempre prefiero el libro en papel. El problema es que en ocasiones se hace muy complicados conseguirlos. A veces porque la edición está ya casi agotada. O porque la distribución es escasa. Otras veces, por que el libro no circula en Argentina. Muchos de los autores latinoamericanos que más me interesan en este momento publican en editoriales que no distribuyen fuera de las fronteras de sus propios países y conseguir un ejemplar de sus libros puede ser una odisea: depende de que alguien viaje y los traiga en la valija, de que no se pierdan en el correo, etc. Los e-book solucionan todos estos problemas. Rápidamente uno puede acceder a cualquier libro, en cualquier idioma. Se pierde cierta cosa entrañable que tiene el libro como objeto, pero lo más importante, el texto, está ahí, intacto. 

Publicado el jueves 28 de febrero de 2013 en Ciudad X. 


Jugar en las grandes ligas

Rodrigo Hasbún y Rodrigo Fuentes crearon “Traviesa”, un sitio de literatura en español que juega a explorar todos los lugares desde donde se escribe lo que leemos. El cordobés Federico Falco edita con ellos una antología de relatos en formato de e-book. 

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Dos escritores y una buena idea. El big bang de Traviesa es así de sencillo y todo indica que en www.mastraviesa.com hay una galaxia en expansión. El boliviano Rodrigo Hasbún y el guatemalteco Rodrigo Fuentes son los creadores de un sitio bilingüe de literatura que aventura un canon abierto de la producción contemporánea en torno de un concepto de “lugares” (geográficos, mentales, afectivos) desde donde se escribe la literatura en español. 

El sitio de diseño minimalista transmite una ambición contraria a esa imagen de austeridad y podría definirse como una revista pero es mucho más que eso, o como un sello editorial de e-books, pero también es más que eso. O como un sitio donde los escritores hacen cosas que dejan de ser propias de escritores aunque tengan la apariencia de momentos fuera de la agenda: en su ¿número? ¿Página? De lanzamiento, Horacio Castellanos Moya cuenta vía Skype sus años de escritor cachorro; Mario Bellatín y Edmundo Paz Soldán se envían mensajes sobre la respetabilidad literaria y su relación con las drogas. Betina González comenta un libro de la escritora suiza Fleur Jaeggy y Mercedes Cebrián recibe una invitación para escribir sobre “algún lugar que le fuera especialmente grato o intrigante” y responde con un texto breve sobre el museo Victoria and Albert, uno de sus sitios preferidos en la ciudad de Londres. En otro de los ejercicios narrativos que propone Traviesa, Inés Bortagaray, Juan Sebastián Cárdenas y Natalia Moret escriben sobre un mismo día en sus vidas. 

Además, Traviesa es un proyecto de edición de antologías “curadas” que serán lanzadas como e-books. La primera de esa colección incluye la participación estelar del escritor cordobés Federico Falco como curador. Se trata de Trucho, un libro que será lanzado el 15 de febrero a través del sitio de Amazon. 

Los creadores de Traviesa dialogaron con Ciudad X acerca de este ambicioso proyecto: 

-¿Cómo surgió “Traviesa”? 

-Surgió casualmente, en charlas de pasillo o sobremesa, primero como una idea vaga de armar antologías bilingües que pudieran venderse muy baratas y cuyos ingresos se redistribuyeran entre escritores y traductores. Luego, a lo largo de los meses, el proyecto fue expandiéndose de a poco hasta llegar a lo que ahora es: un sitio con varias secciones que se actualizan regularmente y en el que se ofrece además, como libros digitales, una serie de antologías curadas por distintos escritores. En medio de todo ese proceso, empezamos a pensar en gente a la que queríamos invitar a participar y la respuesta fue por lo general muy entusiasta y sorprendentemente generosa. 

-Si tuvieran que decir que “Traviesa” es una respuesta… ¿una respuesta a qué? 

-Lo principal es seguramente a la pura gana de leer buena literatura contemporánea en español, pero desde lugares distintos y quizá haciendo énfasis en lo que hay antes y después de la ficción, en algunos de sus reversos posibles. Traviesa también sería una respuesta al hecho de que esa literatura extraordinaria circule tan pobremente de país en país, y a que en este ámbito no se esté explotando más todo aquello que ofrecen las nuevas tecnologías. 

-¿Cuál es la historia del nombre de Traviesa? 

-Fuimos lanzando distintas opciones y ese nombre es el que mejor nos funcionó, por todas sus sentidos posibles (varios de ellos aparecen enumerados en el sitio) pero también porque, finalmente, hay algo de travesura en el proyecto mismo, algo de experimento y de juego constante.

-¿Cómo llega Federico Falco a “Traviesa”? 

-Nos gustan un montón los libros de Federico y creíamos que él, a partir de lo mucho que conoce lo que se anda escribiendo en español, podía curar una antología interesante. Es el primero y, si lees lo que armó, verás que dejó el listón muy alto. Por otra parte, el tema que eligió, lo “trucho”, nos parece fundamental para entender algunas dinámicas en nuestros países.

-¿Qué los sorprendió acerca de la literatura latinoamericana mientras pensaban o producían Traviesa? 

-No deja de sorprendernos la divergencia de proyectos y búsquedas, y la convicción con la que muchas y muchos (desde los lugares más insospechados) están haciendo libros notables. Libros que, lastimosamente, no pueden leerse en todas partes, porque circulan mal.

-¿En qué otra época de la historia de la literatura latinoamericana les hubiera gustado hacer algo como Traviesa? ¿Por qué? 

-Más que en épocas, pensaríamos en escritores específicos, en lo genial que habría sido, digamos, una correspondencia entre Onetti y Rulfo (que a lo mejor existe), o en textos sobre un día en la vida de tantos. Quiroga, por decir alguien, o Puig o Sáenz o Pizarnik. 

-¿Por qué eligieron el concepto de “curaduría”? ¿Cómo se distingue un curador de un editor? 

-Nos da la impresión de que un curador solo intenta sugerir ciertos sentidos, postular vínculos posibles, no definirlos ni fijarlos. Y esa posición nos interesa más que la del editor, nos resulta más movediza e incierta y más reveladora de los gustos e intereses del curador mismo, que estaría obedeciendo por sobre todo a sus propios impulsos e intuiciones.

Traviesa

En Internet: www.mastraviesa.com

Publicado en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 28 de febrero de 2013. 


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