Hasta las estrellas siempre
Jorge Chacho Marzetti conduce “El vagabundo de las estrellas” todas las noches por Radio Nacional Córdoba. Es un programa único en su especie, donde se leen poemas, cuentos y novelas, en un equilibrio increíble entre la emoción, la diversión y la sensibilidad.

Es un culto de noctámbulos, casi una necesidad después de una jornada de arrolladoras noticias: una hora antes de que acabe el día por AM 750 un hombre de voz de caverna baila frente al micrófono rodeado de libros y lee, y canta, y repite algunos mantras, e inventa un mundo más parecido al real que cualquiera de las informaciones urgentes del día. Chacho Marzetti, lector de poetas, es un delirante locutor y conductor radial cuya tradición de pelea por una literatura más alcance del oyente lo convierte en una figura oculta y trasnochada pero imprescindible de la cultura local. Verlo haciendo radio es una experiencia que debería formar parte del plan de estudio de una licenciatura en sueños rebeldes: el estudio a oscuras, Chacho descalzo, parado, moviéndose a un ritmo que él impone pero que parece impuesto por algo que no vemos. Con ustedes, el hombre que lee hasta que te salva la vida.
-¿Por qué hacés radio descalzo?
-Hago radio descalzo, por magia. Para que, desatándome abajo, se me desaten la lengua, el corazón y el pensamiento.
-¿Qué otras cosas son imprescindibles para tu programa?
-Libros, discos, auriculares, velador y un operador atento, como madre que amamanta al niño, mirándolo. Si algo de eso falta habrá música sin mi intervención. Sucede en noches de mala suerte.
-¿Qué tiene que tener una literatura para formar parte de tu programa?
-Tiene que sonar como una canción. La literatura es mi partitura y yo canto.
-Tu voz… ¿es un don o es un logro?
-Dado a elegir entre don y logro, elijo logro: despreciaba mi voz, pero la formé gritando poemas durante mi adolescencia. Mi voz son horas de poemas gritados.
-¿Con qué sueña Chacho Marzetti después de hacer el programa?
-Monto mi bicicleta y vuelvo a casa, las calles oscuras de la madrugada son el sueño en el que pedalea un hombre feliz de haber hecho su trabajo.
-Supongamos que te ofrecen un megáfono tal que durante un minuto todos, todos los cordobeses te puedan escuchar… ¿qué les dirías durante ese minuto?
-Les diría el poema de Juan Gelman que repito como leitmotiv durante mi programa: “Adónde irá a parar tanta desolación, tanta hermosura, hemos hecho y deshecho. Hablen trabajadores del amor”.
-Por estos días estás leyendo “Tres golpes de timbal”, de Daniel Moyano… ¿cuáles son los desafíos de leer una novela por la radio?
-Son magníficos los desafíos de leer una novela por radio: hay novelas en las que hay que desarrollar los personajes, sus voces, sus modos; para eso debo asumir una postura corporal para cada uno, para que la voz cambie levemente de un personaje a otro. Hay novelas en donde lo fundamental es el suspenso y tengo que manejar ese suspenso, ayudarlo, expresarlo, insinuarlo. Hay novelas que exigen mi emoción, mi dramatismo. Y otras, como Tres golpes de timbal de Daniel Moyano, que tengo que leerlas con lentitud, con presencia, valorizando cada palabra y cada fraseo para que el sonido de la palabra y la imagen transporte al oyente a un lugar inhóspito en la cordillera de los Andes. Y por sobre todas las cosas tengo que lograr que no todos apaguen la radio o cambien el dial. Muchos se van, pero para los que se quedan y para mí el premio es enorme: hemos leído juntos una novela, y hemos llorado juntos, y hemos estado en situaciones cómicas o dramáticas. Para el que oye y para mi eso será inolvidable.
-¿Qué anécdota del programa recordás con mayor cariño o intensidad?
-Hace unos doce años recibía cartas de una oyente llamada Haydé desde un lugar en las sierras. Hermosas cartas llenas de sensibilidad y agradecimiento. Después supe por su madre que esas cartas fueron la primera conexión con el mundo de Haydé después de haber decidido no hablar más y no recibir nunca más a nadie porque en un asalto le habían matado al esposo ante sus ojos y a ella la habían violado. La madre cada noche le ponía en su mesa de luz un ramo de flores y la radio encendida con mi programa. Y ella encontró una voz confiable, y por esa voz volvió a confiar en el mundo. Las cartas se sucedieron durante un año. Un día vino la madre a contarme la historia, agradecerme, y a contarme que Haydé se había ido a Canadá. Otro joven oyente vino a agradecerme un día porque yo le había salvado la vida. Era oyente eventual del programa. Padeció una fuerte depresión y quiso suicidarse con un balazo en la sien. Cuando tenía todo preparado su última voluntad fue escuchar una ópera cantada por María Calas, que él admiraba, y decidió poner el disco para quitarse la vida oyéndola. El cd estaba rayado, y furioso por la situación, apagó el equipo de música pero erró la tecla y presionó la radio en el momento en que yo leía un largo poema de Rainer María Rilke en donde el poeta le habla a un suicida recriminándole por qué se había matado. Un poema de unos quince minutos que al oyente le hizo dejar el revólver y dormirse. Al otro día estaba vivo, agradeciendo estar todavía en este mundo.
-¿Quién o cómo es tu oyente ideal?
-Los que ponen el programa como si asistieran al teatro o al cine.
-¿Cómo te gustaría despedirte de esta entrevista?
-Recordando a Hugo Guerrero Martinheiz y a Jesús Quintero. Guerrero a fines de los 60 y Quintero en los 80 fueron escuchados por mi con unción. Hicieron ejercicio de libertad y arte por radio. Les debo todo.
Jorge Chacho Marzetti es locutor y conductor radial. Conduce el programa “El vagabundo de las estrellas”, que se emite de lunes a viernes de 23 a 1 por Radio Nacional AM 750 y FM 100.1. En Internet hay un archivo con todos los programas: www.elvagabundodelasestrellasrn.blogspot.com.ar
Publicado en Ciudad X, La Voz del Interior, el jueves 18 de Abril de 2013.












