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Archivo de notas y textos publicados por Emanuel Rodríguez.

Posts tagged Michel Houellebecq

Oct 1

La multitud ridícula del mundo

El mapa y el territorio 

Michel Houellebecq 

Anagrama, 2011. 

377 páginas. 

Precio: $ 85. 

La fría, insalvable y al mismo tiempo difusa distancia entre un mapa y el territorio descripto por ese mapa podría servir de analogía para describir la terrible distancia entre el narrador y su objeto en la nueva novela de Michel Houellebecq, un niño prodigio entrado en años y encaprichado con la idea de que alguien le debe algo porque el mundo no se parece en nada a las posibilidades imaginadas por los movimientos contraculturales de los ’60 que a él le sirvieron de techo y escuela. 

Algo de la genialidad de este libro tiene que ver con esa distancia que con cálculo y astucia Houellebecq impone respecto del mundo que retrata mediante procedimientos de un humor cínico y autocomplaciente pero capaz de ponerse a sí mismo en un ligero ridículo. En esta novela aparece dos veces un personaje con el nombre y la trayectoria literaria de Michel Houellebecq, de quien se dice que es un buen escritor, “agradable de leer” y con una “visión del mundo acertada”. 

En El mapa y el territorio, Jed -un artista visual dedicado a retratar a otros artistas-, es, como en gran parte de la narrativa de Houellebecq, una nueva versión del propio autor, una nueva víctima de la derrota de los ideales de la década de 1960 y un nuevo abúlico paradigma de la corrupción moral del mundo: sin embargo, ya desde el comienzo de la novela hay un ejercicio intenso de pensamiento y catarsis que impide abandonar el libro al grito de “otra vez lo mismo, Michel”. El odio y el hedonismo desencantado de Plataforma, el pesimismo provocador de La posibilidad de una isla y la irreverencia sádica de Las partículas elementales están aquí, claro, pero en El mapa y el territorio Houellebecq es más contundente en la arquitectura del destino de su personaje, divaga menos, y aún así se luce en la disposición de su violenta y escéptica filosofía. 

Hay una relación amorosa, un asesinato y una investigación policial, un recorrido por el mundo del arte contemporáneo y un arribo más o menos indulgente a la vejez, ciertamente sereno, que equilibra la insistencia de Houllebecq en las impresiones paradójicas como maquinaria descriptiva:  su indignación y antipatía ante la multitud ridícula del mundo provocan una risa irónica y liberadora, una mínima rebeldía contra la obstinación tiránica del sentido común. 

 La edición en español de El mapa y el territorio incluye en la última página un agradecimiento de Michel Houellebecq a Wikipedia que no aparece en la edición francesa. En el país que le dio el premio Goncourt, esta novela debió afrontar un escándalo por plagio cuando un blogger descubrió que varios pasajes estaban textualmente levantados de la enciclopedia virtual. El episodio puso de manifiesto cierto candor de Houellebecq, la tierna perversión que lo alimenta y la clase de distancia que el autor establece entre su vida y su obra, el mundo real y sus novelas, el mapa y el territorio. 

El marco político de esas operaciones de estilo y pensamiento es una disimulación del liberalismo reaccionario de Houellebecq: su crítica al capitalismo es más una puesta en escena de ese sistema como decepción y corrupción de sus propios principios, como si el capitalismo tampoco hubiera llegado a ser lo que el escritor hubiera querido. 

Esa decepción liberal está expuesta, finalmente, con una conciencia decadente que emula el artificio de la belleza de la flores, que “es triste, porque son frágiles y están destinadas a morir”: así, la belleza de este libro tiene también la tristeza de la muerte, esa emoción de miedo y compasión que despiertan los cadáveres disimulados.